
Una de esas noches de rebuscada melancolía y recuerdos que reactivan sentires retomé una endeble libreta donde anotaba las citas interesantes de libros que había leído. No ojeé mucho cuando redescubrí una que me causó una reacción diferente a la que había interpretado con anterioridad, ésta cita era de un escritor peruano llamado Jaime Bayly. La cita la extraje de un libro de relatos llamado “compilación de escritos” entre esa compilación leí el “Dios confundido”, y de ahí resalté lo siguiente: “Sospecho que escribo porque es una manera de vivir otras vidas, de vivir de nuevo, de vivir mejor". Desde entonces creía que ese escritor era un idiota por haber dicho semejante barbaridad, no obstante esa frase había quedado escrita en mi vieja libreta, supongo, que hubiese necesitado leer aún mucho más para haberla podido entender en su tiempo. Esta vez la frase se me quedó transcrita en el pensamiento luego de haber cerrado la libreta y haberla llevado a mi habitación.
Luego de unas semanas, me atreví a comenzar a leer mi primer y único libro publicado, quise encontrar entre aquella horda de palabras la razón del fracaso de mi primer “bebé”. Sentí miedo de abrir “El candado de tu boca” (así se llama) trata sobre una adolescente autista y un hombre que abusa sexualmente de ella. Las expectativas de la editorial fueron inmensas con la historia, me hicieron contar becerros antes de nacer, y en vez de becerros obtuve una gran plasta de excremento. La editorial me contrató para la impresión y publicación de tres libros, de los cuales ya uno había salido. Me imagino que los altos mandos habían imaginado que la popularidad sería tanta que pensaron en una trilogía. Todos fuimos unos grandísimos pendejos, porque los resultados fueron estériles. Regalé 50 ejemplares entre amigos y familias, fueron los únicos que reconocieron mi trabajo.
Había leído 385 de las 400 páginas de la novela, en esta sección me sentí un idiota, no por la historia del libro, al menos, aún me resultaba degustable a mis adentros, me sentí así por esa cita del escritor Jaime, al darme cuenta de la razón que tenía, cuando escribí los tres personajes más relevantes de mi historia me di cuenta de que por medio de ellos se viven otras vidas, aunque no sé si mejores, pero son otras vidas; fui mujer, fui hombre, fui autista, un sádico abusador, fui policía, fui madre, y fui Dios, me convertí en ellos al bailar una especie tap, con la diferencia de que los pasos fueron hechos con mis dedos en esa pista de baile que fue el teclado de mi ordenador. Por consiguiente no tuve concentración para seguir leyendo, los ecos de la cita del Sr. Bayly se me quedaron rebotando y rebotando en mi cabeza.
Luego de días de haber pensado tanto, decidí atreverme nuevamente a escribir algo que iría más allá de las fronteras que tenía por paredes en mi casa y usar mi recurso a estructurar un nuevo libro. Esta vez nada de novelas o relatos, decidí dejarme llevar por lo que no sé a dónde me llevaría. De algo estaba completamente seguro, y es que este libro sería escrito por mí, pero con palabras de otros escritores que aún no habían logrado el reconocimiento; formulé la pregunta para todos y todos a su vez me contarían su historia. La interrogante sería: ¿Por qué y para qué escribes? Y me lancé a ese mar de posibles respuestas que al juntarlas todas llamaría: “El coleccionista de huellas” está vez serían las huellas borrosas, pero huellas a fin de cuentas. Y así busqué en mi directorio para contactar algunos amigos que habían pasado por mi mismo caso, y a su vez ellos pudiesen contactar a otros escritores con la misma situación. Siempre supe que sería un libro arriesgado, incluso más que el otro, porque a ¿quién le interesaría saber sobre escritores “fracasados” comercialmente? pues, no sé… pero ya tocaría averiguarlo.
A las 8:00 a.m del siguiente día de haber enviado mi idea a algunos compañeros, me senté en mi ordenador y accedí a mi correo electrónico, solo una persona me había respondido, era mi colega Adalberto Mercado, diciéndome que gustoso participaría, con la condición de que todo fuese por este medio. Yo le respondí….