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lunes, 31 de enero de 2011

La mujer en el espejo y su existencia al otro lado


La mujer se miró en el espejo de los deseos, del lado del reflejo era una mujer hermosa; las lonjas se habían soldado a las carnes, el vientre pequeñamente pronunciado ahora era plano y ejercitado, la celulitis en la piel se esfumó y en su lugar se visualizaba un hermoso bronceado sin caminos... sí, sin caminos, no habían estrías a la vista.


Ella fascinada, se atrevió a soñar; en el espejismo el tiempo se encontraba disperso, a esas alturas de la vida los abrasivos recuerdos que le hicieron morder tristezas y sacarle toda la humedad posible pasaron a un plano de emociones desiguales. Vaya, era hermoso su reflejo, era una “vida” su sueño, aquellos complejos atascados en su cintura flácida volaban como globos al cielo, no tenía remedio, no podía enterrar lo que no había muerto en realidad. Entonces, se atrevió a desnudarse, a tener sexo con quien deseó, a lucir piernas en altos zapatos y a besar como si el pudor anduviese de viaje.


A la sazón, comenzó a maquillarse con instintos felinos, a mover caderas al ritmo de pasos, a sonreír como si en su boca se encontrase el cinturón que Afrodita lució gracias a Hefesto, y la analogía no escapaba de la realidad, solo que en este caso la realidad entregó su encanto a el sueño.


Transcurrieron tres soles del lado fuera de la habitación de los espejos y ella continuaba la vida que la injusticia le arrancó. Había tenido relaciones frenéticas, consiguió ser feliz en la adolescencia, tiró por la ventana sus sabidurías y olvidó dejar su esencia en el vidrio empañado con alguna figura. - ¡Qué vida más intensa! - de seguro pensó eso, mientras su realidad se atrofiaba del otro lado. La vanidad nunca ha sido ideal para la nutrición, y menos en exceso, posiblemente la pica sería su caso.


Sus anhelos adormecieron sus nociones reales, hasta que el estómago rugió ferozmente como para que el sueño empezase a quebrarse por sus partes más básicas, ahora quienes babeaban por ella, o bueno, la mujer del espejo comenzaron a manosear otras piernas. Ella con mil sabores en la boca comenzó a sentir aquello que en realidad sintió gran parte de su vida, pero no había nadie de los que en su historia se encadenaron para calmarle las rápidas pulsaciones cardiacas y el agua que comenzaba a incrementarse por dentro.


Otro rugido salió desde sus adentros, aquel mundo tembló a fuertes magnitudes, ella cayó al suelo, la falda blanca de estampados rosas estaba sucia más un tacón roto por haberse atorado. Volvió a la casa que siempre había soñado, entró a su recamara y la mujer del espejo se miró en otro espejo, y lloró. Se sentó en la cama dando la espalda a su reflejo que tanto había angustiado. Esta vez el reflejo había mostrado unos senos caídos, patas de gallos creciendo alrededor de sus ojos y una raíz canosa en su cabello teñido a punta de ambiciones.


Se volvió a mirar al espejo, esta vez era obesa, con pecas en las manos y moretones debajo de sus ojos (seguramente eran ojeras). El espejo al otro lado del espejo era el de los reflejos interiores y el de los miedos. Allí el tiempo discurría a velocidad de angustia. Ella inmutada arrojó una silla al espejo y éste se rompió, pero sus pedazos flotaron y se unieron, mostrando nuevamente un reflejo de ella totalmente esquelética y largando el cabello. La mujer grito a coro con la mujer que originaba ese reflejo. El rímel corría sobre sus mejillas haciendo carreteras de fealdad sobre la “belleza”. El espejo dentro del espejo mostraba la peor forma de su realidad, y daba punto de partida a revelaciones que solo ella reflexionando entendería.


Se escucharon esta vez fuertes golpes que creaban ondas sobre el sueño vuelto pesadilla, cuando otro rugido provocó una fisura mayor, la casa de sus sueños comenzó a incendiarse, la piscina de sus vanidades estaba cubierta por una pestilente lemna. Quiso leer las instrucciones para regresar a su realidad y no supo cómo leer el manual. Entonces miró de nuevo al espejo, que extrañamente la mostró tal cual, pero de aquel lado de aquel lado el reflejo gritó: “La belleza no sabe leer porque ella es leída”. Cuando otro rugido termino partiendo en pedazos aquella ilusión.


Al reaccionar la mujer que había dibujado sus sueños se dio cuenta de que el espejo de los deseos se encontraba roto, y que a ella le sonaban las tripas. Intentó ponerse de pie y el temblor de la debilidad le puso dificultad al acto. Con el corazón acelerado se dio cuenta de que a pesar de haber sido lo que siempre soñó hubo algo de por medio que siempre la conectaría a sus demás espectros y a su realidad... era el hambre. No obstante, tomo un pedazo del espejo quebrado y miró el reflejo de su boca por un rato observando aun las secuelas de un lápiz labial entre las líneas de los labios, el reflejo se paralizó y aquella boca idéntica a la original sonrió y le dijo: “La belleza es descarada y la fealdad tiene mala fama”. La mujer de puro instinto reventó el pedazo de espejo contra el piso y con fuerzas salidas de no sé dónde, salió corriendo a toda velocidad, con el sol encandilándola y el susto derramándose en sus pantalones.


Autor: Carlos Arturo

martes, 25 de enero de 2011

Tu voz


Tu voz es demoníaca,
Tu voz es de sirenas,
Tu voz de alarma,
Tu voz de animal
Tu voz, esa, que golpea los dientes,
Esa, que inunda el centro y desborda aliento.

Tu voz agria y efervescente;
Tu voz de colores y de formas.
Gime y enséñame tus matices.

Tu voz de locura,
Tu voz de cordura dudosa,
Tu voz, esa, que sale de franjas escarlatas,
Esa, que se desliza por tu lengua
Esa, que sale como humo de tus labios entecados,
Murmura lo que pienses y da igual si es pecado.

Tu voz,
voz de tentación
Tu voz de Afrodita,
Tu voz malditamente divina,
Tu voz de gata en celo,
Tu voz arrecha,
Tu voz de tristeza,
Tu voz de candidez,
Tu voz de infamia,
Tu voz de melancolía,
Tu voz, esa, que reactiva procesos químicos,
Esa, que amansa bestias,
Esa, que despierta víboras.

Déjame habitar en tu ojo, huracán
Establecerme en tu silencio, el mutismo de tu boca;
Esa, que se prostituye y a mi me encanta.

Tu voz, tu boca, tu aliento.

Autor: Carlos Arturo

domingo, 16 de enero de 2011

El coleccionista de huellas (Relato encadenado)


Una de esas noches de rebuscada melancolía y recuerdos que reactivan sentires retomé una endeble libreta donde anotaba las citas interesantes de libros que había leído. No ojeé mucho cuando redescubrí una que me causó una reacción diferente a la que había interpretado con anterioridad, ésta cita era de un escritor peruano llamado Jaime Bayly. El fragmento lo extraje de un libro de relatos llamado “compilación de escritos” entre esa compilación leí el “Dios confundido”, y de ahí resalté lo siguiente: “Sospecho que escribo porque es una manera de vivir otras vidas, de vivir de nuevo, de vivir mejor". Desde entonces creía que ese escritor era un idiota por haber dicho semejante barbaridad, no obstante esa frase había quedado escrita en mi vieja libreta, supongo, que hubiese necesitado leer aún mucho más para haberla podido entender en su tiempo. Esta vez la frase se me quedó transcrita en el pensamiento luego de haber cerrado la libreta y haberla llevado a mi habitación.

Luego de unas semanas, me atreví a comenzar a leer mi primer y único libro publicado, quise encontrar entre aquella horda de palabras la razón del fracaso de mi primer “bebé”. Sentí miedo de abrir “El candado de tu boca” (así se llama) trata sobre una adolescente autista y un hombre que abusa sexualmente de ella. Las expectativas de la editorial fueron inmensas con la historia, me hicieron contar becerros antes de nacer, y en vez de becerros obtuve una gran plasta de excremento. La editorial me contrató para la impresión y publicación de tres libros, de los cuales ya uno había salido. Me imagino que los altos mandos habían imaginado que la popularidad sería tanta que pensaron en una trilogía. Todos fuimos unos grandísimos pendejos, porque los resultados fueron estériles. Regalé 50 ejemplares entre amigos y familias, fueron los únicos que reconocieron mi trabajo.

Había leído 385 de las 400 páginas de la novela, en esta sección me sentí un idiota, no por la historia del libro, al menos, aún me resultaba degustable a mis adentros, me sentí así por esa cita del escritor Jaime, al darme cuenta de la razón que tenía, cuando escribí los tres personajes más relevantes de mi historia me di cuenta de que por medio de ellos se viven otras vidas, aunque no sé si mejores, pero son otras vidas; fui mujer, fui hombre, fui autista, un sádico abusador, fui policía, fui madre, y fui Dios, me convertí en ellos al bailar una especie tap, con la diferencia de que los pasos fueron hechos con mis dedos en esa pista de baile que fue el teclado de mi ordenador. Por consiguiente no tuve concentración para seguir leyendo, los ecos de la cita del Sr. Bayly se me quedaron rebotando y rebotando en mi cabeza.

Luego de días de haber pensado tanto, decidí atreverme nuevamente a escribir algo que iría más allá de las fronteras que tenía por paredes en mi casa y usar mi recurso a estructurar un nuevo libro. Esta vez nada de novelas o relatos, decidí dejarme llevar por lo que no sé a dónde me llevaría. De algo estaba completamente seguro, y es que este libro sería escrito por mí, pero con palabras de otros escritores que aún no habían logrado el reconocimiento; formulé la pregunta para todos y todos a su vez me contarían su historia. La interrogante sería: ¿Por qué y para qué escribes? Y me lancé a ese mar de posibles respuestas que al juntarlas todas llamaría: “El coleccionista de huellas” está vez serían las huellas borrosas, pero huellas a fin de cuentas. Y así busqué en mi directorio para contactar algunos amigos que habían pasado por mi mismo caso, y a su vez ellos pudiesen contactar a otros escritores con la misma situación. Siempre supe que sería un libro arriesgado, incluso más que el otro, porque a ¿quién le interesaría saber sobre escritores “fracasados” comercialmente? pues, no sé… pero ya tocaría averiguarlo.

A las 8:00 a.m del siguiente día de haber enviado mi idea a algunos compañeros, me senté en mi ordenador y accedí a mi correo electrónico, solo una persona me había respondido, era mi colega Adalberto Mercado, diciéndome que gustoso participaría, con la condición de que todo fuese por este medio. Yo le respondí, aunque aún en mi cabeza retumbaba el temor del chasco por cual ya había pasado una vez.

Recuerdo esa mañana de domingo, sentado en el patio de mi casa leyendo historias de otros y preguntándome las razones de mi fracaso, aun no llego a una conclusión, puede ser que nunca he sido ni seré escritor, pero ese desafío de contar mi historia me gustó.

Luego pensé: “¿pero qué puedo contar?”, solo decir que en una tierra de grandes poetas un día me atreví a escribir algo parecido, y soñé, claro que soñé, como no pensar alguna vez en escribir un libro, pero el tiempo me ha devuelto la razón y solo seguiré siendo ese proyecto de poeta que siente felicidad al ver que otros, quizás con los mismos sueños leen y opinan acerca de unas cuantas letras mal escritas; nunca he sabido de rimas, menos de sonetos o décimas, he sido un insignificante que le quitó el nombre al gato, para plasmar en algunas letras desordenadas vivencias propias o prestadas, aun así, no puedo negar que me gusta hacerlo, al final debo concluir que en parte el sueño se hizo realidad.

Por otra parte, estuve pensando que mi fracaso fue de los otros, porque no supieron leerme. Yo construí una buena historia, con personajes creíbles y vidas interesantes. Yo escribo, porque me gusta pensar que soy yo quien dirige la vida de mis personajes, cuando en realidad son ellos quienes me eligieron y me dirigen mi.

Entonces, un huracán me arremetió la existencia, cayendo en un crisis llena de cuestionamientos. - ¿Quién soy? - Me pregunté - ¿cómo llegue a esto? - volví a preguntarme. No soy más que un desdichado que juega a ser Dios entre unos insignificantes personajes que rondaban en mi cabeza y, que lancé a un precipicio colmado de medias verdades.

A estas alturas de mi penosa existencia no me queda otra que nadar a corriente, a lo que cotidianamente llaman "vivir", a mostrar falsos sentimientos que de alguna u otra forma transforman mis mentiras en épicas verdades con ciertos toques de incoherencias... Mi poesía, mi poema, no son más que ideas colectivas. Yo confieso, que me pegó un fuerte golpe en el ego y a estas instancias conservo el moretón.

En la tarde del siguiente día volví a sentarme frente al ordenador, esperando encontrar novedades. 12 amigos habían confirmado su participación, estuve emocionado hasta que me topé con el mail sin abrir de una chica que conocí en una conferencia sobre narrativa hispana. Su nombre: Artemisa R., una magnífica poeta, en su página web encontré más de un poema que se calaron en la sangre llegando hasta el corazón. Ella al vivir tan lejos le envíe la pregunta saludándola con anterioridad y me respondió lo siguiente:

“Contarte que yo escribo bajo efectos de inspiración y que aunque ello no sea autobiográfico, entiendo que todo lo que escribo lo digo de mí misma porque allí en el papel me interpelo y me encuentro con reflejos de la mujer que soy, fui y quiero ser y también todo aquello que cargo en las espaldas y simplemente quisiera arrojar al fondo del mar. Todo lo que creo haber borrado de mi memoria, guardado bajo siete llaves aflora allí sin permiso ni previo aviso y se me declara en guerra de existencia. Es ahí cuando es mi decisión cómo sentirme al respecto y qué hacer. Cuando escribo me descubro, se caen mis máscaras y mis velos se deslizan dejándome ver la piel. Escribo también para decir lo que pienso cuando no lo puedo hacer mirando a los ojos, cuando no encuentro las lágrimas para llorar un amor vencido, y cuando la distancia hace imposible un abrazo...”.

Quedé maravillado con su ideal, y decidí usar sus palabras como parte inicial del nuevo libro.

Pase la noche con el acostumbrado insomnio que me caracteriza; soy uno de los tantos que no le agradan a Morfeo, uno de esos que deben calarse la bendita circunstancia de ir poco a poco convirtiéndose en una criatura nocturna, con matriz en la mente y el genital en las manos para parir y dar a luz lo que se me ocurra sin necesidades de parteras.

Adentrada la madrugada recordé a otra amiga, compañera frenética del mundo blogger. Era una mente destinada a perturbar con sus historias a unos cuantos; sus letras eran tas oscuras como los trazos del carboncillo, ásperas, insolentes, veraces, asesinas y liberadoras; ella creaba y mataba personajes, los vestía de cordura completamente corroída, de instintos voraces, los perfumaba con animalidad y con humanidad, sus personajes eran bestias confinadas a renunciar a la sociedad, porque la sociedad les había aislado desde sus inicios. Ella era una diosa que debía contar sus anécdotas, y procedí a llamarla al amanecer. Entre risas, halagos cruzados y promesas olvidadas procedí a hacerle la invitación con recelo, puesto que ella siempre había sido muy reservada con sus sentires. Para mi asombro, maravillada respondió con afirmación y me pidió solo unos días para enviarme su colaboración.

Transcurrieron tres días sin frutos algunos, pero yo seguía dedicando 4 horas diarias al ajuste de lo que sería este futuro libro, con todo eso de que el futuro solo es un conjunto de probabilidades. Recibí la esperada respuesta de Nazaret Pacheco, creadora y destructora de sus personajes y me respondió lo siguiente:

no se si lo siguiente que te escribiré es lo que realmente quieres de mi para tu relato pero sin embargo aquí va:

Escribir nos es más que el mejor medio que encontré para contar las miles de historias que en mi mente llevo cada día, liberando así un torrente imaginativo que me mueve cada día de la vida y que me hace suspirar con cada nueva idea. Escribo porque me gusta pensar que las personas somos capaces de crear más allá de nuestros propios límites y de nuestra propia vida, el simple echo de escurrir momentos que seguro olvidaré en un futuro motiva mi inspiración y me lleva a la eterna creación de nuevos momentos, es como crear una nueva cronología de vida que realmente no va más allá de la mente, pero que en lo físico muy difícilmente se puede representar.

Para mí, escribir es la liberación de momentos que llenan mi alma de nuevas expectativas y retos y me consignan un nuevo momento, escribo para que los demás sean capaces de motivarse a lograr o hacer lo que realmente quieren sin importar lo que los demás piensan, las letras son parte de mi alma y hacen escala hasta lo mas alto de mi ser”

Después de leer tal respuesta, supe que ella era mucho más de lo que imaginaba. Fue agua fresca y viento con olor a tierra mojada lo que me respondió. Conocí una nueva cara de la moneda y me apené por creer que podía saber todo de una persona, cuando de mí mismo no lo sé todo.

Dos meses antes de la fecha que me había propuesto para publicar mi nueva obra, le comentaba a una prima allegada, que todo estaba listo para comenzar a hacer unas pequeñas publicidades con la presentación del libro o alguna parte de éste y subirlo al blog, “El coleccionista de Huellas” que hasta ahorita había creado expectativas y que por supuesto sin la intervención de mis amigos no hubiera podido desarrollar. Le pedí el inmenso favor de que leyera y me diera su opinión.

Anteriormente cuando surgió la idea del libro, mi prima me había dicho que quería participar, pero no recibí la continuidad por parte de ella; al comentárselo me dijo que ella pondría su granito de arena. Asentí con la cabeza, pero no creí que lo haría, pues no dudo de su capacidad para hacerlo, sino de su decidía hacia la escritura, dado que fui quien creó su blog hace algún tiempo y solo ha publicado una sola nota. La esperé, y llegó el mail:

“Aquí estoy mi “juapu”, sé que soy un tanto floja para la escritura, sin embargo siempre quiero ser parte de lo que te hace feliz, es por ello que mis palabras vienen a formar parte de tan grandiosa idea.

Es cierto que la escritura con toques poéticos no es mi fuerte, me encanta leer el material de otros, supongo que a veces me pesa más el hecho de que no vaya a gustar lo que expreso a través de líneas, que lo que siento al plasmarlo.

Parto de la idea de escribir para comunicar, concienciar, educar, y transmitir aquello que por el día a día olvidamos, o mejor dicho, dejamos a un lado, guardado en nuestro sub consciente.

Criollita a la hora de expresar y plasmar lo vivido o historias ajenas, de las que me hago dueña por su peso emotivo, sentimental o por las injusticias que a diario se cometen con el ser humano. Consiente estoy que no voy a cambiar el mundo con mis notas, pero considero que a más de un corazón llegan.

Nunca he soñado que lo que escribo vaya a ser leído por multitudes, pero si por aquel que necesite leer las palabras adecuadas en el momento indicado, que sean alegría para su corazón.

Para mí, la cantidad de lo que publiques no es lo importante, sino la calidad de la misma. Que puedas llenar vacios y que los lectores se hagan dueños de tus personajes.

Mi musa es Dios, y al escribir siempre creo que alguien, en algún momento dado, será tocado por la gracia de él”

Me alegré, ella era una huella que ni si quiera había sido marcada por un píe, insistentemente le pedía que escribiera, puesto que siempre me parecieron excelentes sus artículos almacenados en su ordenador, y hasta los trabajos de la universidad. Por otra parte, al leer lo que ya llevaba adelantado me abrazó y me dijo que estaba muy bueno, y mucho más degustable que mi libro anterior. Supongo que eso fue un consuelo, aunque me hubiese dado ese golpe en el moretón de mi ego, sonreí y bromeé para disimular el volcán de idiotez que aún me azotaba.

Sin quererlo, lo que comencé terminó siendo un relato, cuando me di cuenta era demasiado tarde como para reescribirlo. A la editorial le gustó, aunque con mucha abstinencia me dijo que posiblemente este libro llegara a más intereses. Yo, ni opiné, preferí sujetarme a los hechos y soñar con una segunda oportunidad que concreté con compañeros que aportaron su maravillosa definición e ideal sobre lo que significa escribir.

Con esta presentación del libro y con el poco de pájaros que andan en mi cabeza procedo a dejarles el producto. ¿Ambicioso? Sí, pero mucho más maduro que el anterior. ¿Arriesgado? También, por el montón de manos fracasadas comercialmente, pero exitoso por su simbiosis, por su dialéctica y por su exploración al sentir de un escritor.

Este libro ya glorioso por sus logros va dedicado: A todos los que metieron la mano, a las quimeras que me gritaron fuertemente al oído, a mi molestia, a las circunstancias, pero sobre todo a la necedad y a la solitaria que vive en mí.

Autores:

Artemisa

Carlos Arturo

Gaspar II

Lily Badell

Marielys Medina

Mariluz GH.

Naza

miércoles, 5 de enero de 2011

Las horas contadas del doceavo mes

Antes de ir al grano de esta publicación, quiero agradecer inmensamente las muestras de cariño y los mensajes dejados con buenos deseos para este nuevo año que ha dado inicio. El 2010 fue un año de pérdidas dolorosas, indolentes y afortunadas, pero de inmensas ganancias que se han acumulado en mi capital de memorias, y con esmero y buena disposición les deseo a todos y cada uno de ustedes bloggeros del alma que el 2011 les venga con gratas sorpresas, pero sobre todo con mucha salud y ganas de proseguir para continuar caminando y dejando huellas.

Este post viene tardado, pero con una buena satisfacción, ha sido lo primero que he escrito y que a su vez ha sido transmitido por una radio local, y como decimos por estos lados estoy "Grillúo" (quiere decir alegre y orgulloso por el acontecimiento). Aunque me costó un motón poderlo desarrollar, dado que el espíritu navideño estuvo difuminándose con las madrugadas en las que acompañé a mi mamá ayudándola con lo poco que tengo noción en la costura y hablando como loco para que mi hermosa vieja no se durmiera.

La imagen me ha encantado, siento que en parte lleva impregnada la esencia del cuento. La tome de: La Bombilla Azul: Ilustraciones de Pepe Valera. La entrada lleva por título: "Otoño e invierno dos estaciones mágicas"

Desde la ventana de los corazones se le podía observar a aquel individuo, sentado frente a un tumulto de luces que parpadeaban, sintiéndose olvidado mientras que en sus bolsillos casi estaban por desbordarse un montón de memorias, dispuestas a ser olvidadas por muchos otros individuos que no eran capaces de visualizarle a él. En el bolsillo de su camisa se encontraban las más importantes. Esas que bajo ningún código o sortilegio pueden borrarse de la existencia. Él, las miraba, algunas con una sonrisa melancólica, otras con los ojos aguarapados. Nunca ha sido fácil desechar tantos tesoros llenos de humanidad, aunque sus verdaderos creadores no saben cuán valioso es ese capital que guardan en su cabeza.

En ningún momento se atrevió a emitir un juicio sobre lo que los hombres y las mujeres habían convertido a la aclamada navidad, pero seguramente por dentro las palabras le ardían y se hacían mudas en sus labios. Quizás él pasó a un segundo plano su importancia para priorizar lo antes expuesto. Se acercó a la ventana de los corazones y observó tierras baldías, tan vacías como pardas, y no tuvo otra reacción que agachar la mirada y dar paso al pensamiento necio de que la navidad estaba corroída. Ese individuo no había recibido nada en noche buena, y sabía que fin de año era su hora de partida, de marcharse en medio de la euforia, de los ruidosos fuegos artificiales, de irse por la puerta que nadie quiere atravesar por miedo de encontrar lo que hay al otro lado… le tocaría ver la faz del extranjero individuo que se plantaría de nuevo a estos lados del universo, fiscalizando el tiempo sin importar los sucesos.

Se sintió triste e impactado por ese montón de memorias que no le cabían en los puños. Él era parte de esas llamadas culturas líquidas, a los que también Eduardo Galeano había llamado “Los Nadie”, sin embargo, proseguía en la marcha de su casi hora de partida, de sus horas contadas, de su montón de memorias con destino al pasado, como le tocaría a él. Resignación… no hay otra manera en que afrontara su designio, sino con resignación, y eso lo tenía muy presente.

Su estadía en este universo había sido significativa, entre contradicciones de alegrías y desgracias, entre oraciones y blasfemias, entre calores y fríos. Supuso que todos sus antecesores pasaron por lo mismo, respiró profundamente, y se decidió por mirar de nuevo en la ventana de los corazones, esa ventana a la que le había tomado cierto temor; se levantó con un dolor tonto en la espalda y decidió mirar por el cristal empañado de los corazones, avistó con gran detalle de nuevo las tierras baldías y a la distancia en una colina observó un brillo consistente e intermitente, sus ojos se crecieron de asombro y decidió abrir la puerta del espíritu y corrió como un niño a pesar de sus dolencias.

Al llegar y ver lo que ahí se encontraba brincó de emoción, un pequeño retoño crecía en aquel abismo extirpado de fertilidad, era una semilla reventada y verde, con raíces aferradas al pardo de la tierra que le mantenía a flote. Él, se acercó y olió el perfume de ese pequeño y hermoso brote y de nuevo sonrío con su cara cortada de arrugas. Le dijo: “Has sido la mejor cosecha de esperanza que he conocido, tu brillo se vislumbra a lo lejos, me presento; yo, soy el año vigente que próximamente será el año viejo”. Mientras miraba el cielo que le saludaba con sus propias luces navideñas.

Entre los ruidosos petardos, las supersticiones, las luces explosivas que atacan al cielo, los patinadores que hacen marcas en el alquitrán se va desgastando un año más para dar paso a la brillantez de otro, el hermoso año viejo que para su despedida se pinta el rostro, y se pone el más lujoso traje de luces, luces de todos colores. Los arboles verdes con cintas doradas y ornamentos que inundan la ciudad, el rojo de Papá Noel que siempre hemos igualado con el niño Jesús, y la cuenta regresiva del tiempo que se va. Ese tiempo que fue de felicidad para unos cuantos y tristeza para otros tantos, son las ambigüedades de la vida que nunca dejarán de ser. La esperanza, el amor, la caridad, el carisma, la nostalgia, la tristeza, la alegría son los sentimientos que conforman la palabra “NAVIDAD” a largas y anchas de su significado. Una nuez a la cual se le fractura su coraza en cada víspera de fin de año. Entre sus bases fértiles sembramos deseos y aspiraciones; promesas que se olvidarán, otras serán hojas secas de un falso otoño venezolano, otras seguirán tan verdes que ni el más cruel invierno las podrá enfriar, la fiebre que arde en un frío tan tajante.

¡Feliz Año dos mil once!

Autor: Carlos Arturo García


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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos