Conoce a quien está detrás de las crónicas

sábado, 1 de abril de 2017

Los demonios sueltos

Perdido en ti,
petrificado como quien mira a la Gorgona,
tenso y pérfido insisto en esos ojos.
En cada espacio de mí, adentro, surges.
Escenarios rojos, preñado de ellos,
los lugares inimaginables de ti.
Saliva excesiva y manos sudadas.
La algarabía del cuerpo,
la ciudad afuera y tú dentro,
muy dentro, en mi sótano.

¿Están ahí todas las cosas? (Tú)
me faltan; te sobran...
La aspereza de tu piel,
poros abiertos y vellos de puntas.
el infierno flameando, 
baila en mi lengua tu nombre, empujando.
Olvido de Dios; tú de frente.
Estoy ajeno al mundo. 

Una copa,
dos distancias contundentes,
tres botellas de lo que sea.
La embriaguez está de turno,
saeta zigzagueante, yo.
Los pies como trípodes mancos,
el murmullo rebotando en el cráneo.
No te vas, no te vayas, tengo hambre.

Sabes el códice de mi súplica,
sospecho, me conoces.
Silente rapaz, di mi nombre.
El tuyo me desgarra la garganta, arde.
Entre los dedos el cigarro,
los labios enrojecidos. 
La espera y sus grilletes.

Trago saliva, 
el susurro se vuelve silbido,
llevo horas montado en el carrusel. 
Tú multiplicándote, sois plural.
No sé donde estás infierno,
tengo demonios afligidos.

Abrásame,
la carne cruda ya está sobada,
que suene el estruendo de la quemazón,
tu lengua rodando en los labios, humean vapor,
y los pies ya son varas ardidas; inquietos.
Muérdeme, hoy no soy humano.

Esta noche no soy yo,
Ícaro en picada.
El mar, la caída y la piedra.
Las alas despedazadas y tus pies el colchón.
Rota la sobriedad; intacta la copa. 
La borrosidad del todo.

Irreconocible,
el tacto de las mano no me pertenece, 
mi cuerpo ligero e impreciso. 
Muerdo y lamo; hiero y sano.
El lado salvaje que transpira azufre y miel.
A Pandora solo le queda la caja, 
los demonios sueltos están.

Carlos Arturo

martes, 7 de marzo de 2017

El deber de las flores

El deber de las flores es la interrogante.
Despensa de abejas y oasis de mariposas,
las manos que arrancan de sus raíces.
El perfume, las usanzas, más otros demonios.
Hay masacres que la cultura no percibe, banalidad
Un jarrón con flores es un velorio de adorno,
deshojarlas con dudas místicas del sí o no.
Aunque carecen de sistema nervioso, duele.
La belleza no escapa de la crueldad y la indolencia.

Carlos Arturo

miércoles, 1 de marzo de 2017

...

Promete e incumple,
espero a sabiendas.
Lo sabe y sonríe,
la feria de decepciones acampa,
 me vuelvo parte de la atracción.
Con las prioridades y el hedonismo no se compite.
No tengo ganas de hacerlo; no quiero.
La hiperqueratosis crece.

Carlos Arturo

domingo, 7 de febrero de 2016

Tiempo en regresión

Lo imperdonable del tiempo al paso, 
sus garras van dejando marcas en el cuero
Él persiste en sus tres estados 
Desde el presente, varado te pienso con indolencia.
Verte es querencia, respuesta a futuro
En pasado te recuerdo, queriendo que sea mañana.


En esta brecha de coexistencia he vagado,
Te busqué desde otras caras,
Bocas que anhelaba fueran la tuya,
En la oscuridad de los ojos cerrados eras tú.
Terquedad para resistir la otredad.
El tiempo ha pasado, he curado mas hay nostalgias.


Me cansé del peregrinaje solo, 
La coyuntura fue fatídica, casi inhospitalaria, 
A veces vuelve como el recuerdo de un muerto.
Desde este presente de hilos tensos llueven hojillas.
¿Caíste del pedestal o te tumbé?
Todo dejó de remitirme a vos 
Se secó el manzano en el Edén. 


Lo sabía, condenado estaba en esa guerra.
Lo sé, encurtido en esta contemporaneidad, 
Lo sabré porque no me quedará más opción.
Cuando te recuerdo los relojes se atrasan, 
El tiempo en regresión me arrastra a un paréntesis 
No hay más que ayer deambulando en este hoy,
Pero no dueles, eres solo una herida abultada.

Carlos Arturo

viernes, 6 de febrero de 2015

A veces



A veces, abismo camuflado en la oscuridad
Un Tragaluz ansioso esperando.
Acantilado para alterar acrofóbicos,
duda que paraliza al impulso,
resignación indecisa,
y solo a veces, espero.


A veces, el relámpago desnuda al abismo
la sombra de un caso perdido 
que voluble busca incendiarse,
y se consume en el hoyo negro,
dos huecos profundos en la misma penumbra
Me encuentra, a veces.


Clandestino arrabal humeante, basto de a veces.
Ostracismo de querencias viles,
de encuentros que horrorizan a los dioses
colisiones que encrudecen las carnes,
monstruos que se muerden entre sí,
en pleno caos hay cierta paz, a veces.



A veces, terrenos infértiles sembrados,
anhelando germinar en invierno,
palidezca toda esperanza castrada por Cronos. 
Luego de hacer del ombligo un balneario a Afrodita
tiemblan las piernas ahogándose el grito,
miro su faz, a veces.


A veces, nada ocultando cenizas bajo la alfombra.
Todo se acumula, hasta que nos volvemos atlas. 
Abrimos paralelismos en una misma dimensión
entre paréntesis la historia es básica, sincera y bruta,
el párrafo sometido a rigidez del resto,
a veces cansa.



Algunas veces, rinde el episodio para reír,
al retorno la moral amnésica se sacude las rodillas
la vergüenza degrada la oralidad.
A la sazón del amor amparado en la inexistencia
los demonios vuelven al cofre,
e importa, a veces.


Siempre en sus ojos el ocaso, la miel, la hiel y el otoño,
En los míos, espirales nocturnos, escenas del crimen
al encuentro hibernan las culpas
prescinde la necesidad mutua,
mas la querencia apunta, dispara y acierta,
Solo a veces.

Carlos Arturo

viernes, 16 de enero de 2015

El amor... según yo




Este tipo de publicaciones son como quien pasa una lija a la sensibilidad debido a que visibiliza la inclemencia de la sociedad contemporánea, ataviada de urbanidad, tecnología, rutina, supervivencia y acumulación material.



Es cierto que en su crudeza la ciudad nos cocina emocionalmente, es como un circo atestado de horrores que pueden pasar por maravillas; nos hace dudar de quienes nos quieren hacer ver su realidad con falsedad partícipe y en nuestra permanencia conforme vamos viendo más confiamos menos (salvo excepciones). La ciudad, también es un laberinto al que nos hemos acostumbrado en el cual nos sentimos cómodos y seguros, aun cuando atropellos a plena o media contemplación ocurren.

¿Pero qué pasa cuando tus configuraciones emocionales se ven estremecidas con hechos con los cuales la endereza flaquea? Casos hay muchos, reacciones sobran, mas en mi caso esto no me deja pensar más que en lo que es el amor y de nuestra capacidad para asumirlo y transmitirlo. Hace días (pareciese no venir al caso, pero sí) mi madre me decía que cómo podía poner en mis prioridades un animal sobre una criatura humana, y en mi insistente lentitud no supe qué responder, luego mire a Ana (una canina) a sus ojos, dos faroles inquietos y sonreí, porque tampoco sabía qué responder salvo el impulso, querencia, necesidad o como se le pueda llamar, de sentir que ella (Ana) pudiese estar tan bien, cómoda y resguardada como mi madre, como mis sobrinos, hermanos o allegados más queridos.


Viendo este vídeo, creo que puedo responder, con la sentimentalidad agitada, blanda y frágil. Del amor sé tanto como cada uno de quienes reflexionan, filosofan, poetizan o sueñan y no sé nada, porque su amplitud te puede llevar a explorar aspectos del mismo que para ti son comprensibles, pero para otros no. De amar, me encuentro en el mismo caso, porque no es como una fórmula química, matemática o física.

En nombre del amor se han cometido atrocidades y magnificencias, la idea del amor es un impulso visceral que cada quien sabrá contenerlo o expresarlo sin medir consecuencias. El amor es un poco y mucho de egoísmo, a ambos focos, es un lazo, una interactualidad de la que a duras penas puede salirse ileso. Es ser sumiso y a la vez su antónimo, pero en fin, a lo que respecta.

Pienso que cuando amamos no hay un rango, no se ama más o se ama menos, eso es otro cuento. Se quiere más o se quiere menos. A mi madre, que ha sido mi primer amor, la sigo queriendo con firmeza, pero amar otras expresiones de vida tanto a ella como a otros le ha generado una crisis existencial y quizá emocional por mi incapacidad de elegir en ciertas situaciones que suelen ser asfixiantes. A Ana, que nunca me cuestiona, chista o inquieta con lo que le ofrezco también la amo, tanto o igual que a otro ser al que pudiese amar, simplemente quiero más a mi madre, por razones que sobran explicar.

Sucede que en Ana veo a muchos de los de su especie en situación de calle y siento la ponzoña de la tristeza. De amor, no sé nada, menos de amar, pero sí sé del procurar, preocupación, compañía y conexión con alguien (sea plural o singular) a quien la contemporaneidad le ha sentado fatal, desvalidos y desvalijados, cuyo pecado pareciese residir en vivir y el resguardo citadino se les ha vuelto un infierno, pero prosiguen.


Nos robamos a perros y gatos de su hábitat y nos los pegamos como adornos, símbolo de estatus o apoyo de trabajo, pero hoy con la creciente "madriguera humana" expandimos, demandamos y hurtamos espacio. Hay afortunados que van con correas y duermen menos aquejados que otros, esos otros, los maltratados, maltrechos y rechazados que van como vagabundos comiendo y recibiendo nuestras miserias y sobras, echados de dónde no pueden irse, atrapados en la ciudad e impregnados de ella, los bajos fondos y toda esa pudrición que deja bien parada a las cloacas, privados de un alguien que le ofrezca ese algo tan importante... recibiendo un trato tan abusivo e indignante que hace de la humanidad una distopía o asociación vergonzosa.

Sin embargo, como generalizar a mi percepción me parece una reverenda criminalidad como el caso a tratado, prefiero mostrar las excepciones y se demuestra que amar es una paradoja para nosotros, pero para Ana u otro perro en el mundo quizá sea unas orejitas agachadas y una cola inquieta... me quedo con esa idea del amor, reciente o ya consolidado, un gesto o gestos que te incentivan.




El amor no es más que una práctica difícil de teorizar 


Pd: Me alegra mucho volver con ustedes.


Carlos Arturo

miércoles, 7 de agosto de 2013

Silencio

Silencio…
Rehuido de lo absoluto.
Impredecible sigilo que emula el ojo de huracán
a tiempos eco de la soledad,
en destiempo especulación nocional.
Entre paréntesis se despliega como un exilio
dilatando y redondeando las esquinas,
configurando un epicentro de contradicciones
en el que las musas y la inexistencia juegan ajedrez,
y a veces amanece…

Silencio.
Alarma de la introspección,
me adentro en tus entrañas de laberinto minotaurino,
ablandando los secretos rígidos en tu homenaje
erigiendo escalones desde la divagación,
con Erebo extendido en toda lateralidad
volviéndome alguna vez luciérnaga,
o farola, que alumbra la brecha del campo de batalla;
con armas nimias que bostezan antes de disparar

Silencio,
manicomio de este psiquiátrico,
embriaguez de este adicto;
Hoyo negro existencial,
amansa las fieras y a los monstruos,
al ritmo de su contundencia
y al cansancio del ver ahogados sus gritos 
para devorarlas procesualmente,
mas las regurgita por ocasional indigestión.

Silencio,
Fachada del olvido que se olvida,
Cofre de un yo intacto,
Que guarda gigantes y enanos aferrados al polvo,
Permaneciendo intactos hasta su abertura.
 Tertulianos intangibles que coinciden con la realidad
formando con los restos eso llamado verdad
desnudando la vulnerabilidad del ser en lo posible,
cuando las gallinas dormitan.

Silencio,
mordedor implacable inoportuno.
 Lamedor dócil pertinente.
Desdoblado en espectro,
funge como eje gravitacional de miedos y tranquilidad,
útero del críptico feto de lo incomprensible
Cordón umbilical del nacimiento divino 
entregado al bipartidismo del caos y la paz,
entre afluencias de suposiciones,  memorias y juicios.

Silencios,
motel del tránsito existencial.
Cóctel ambiguo para una esquizofrénica concepción del tiempo.
Absurda e imperante, búsqueda o encuentro.
Bandido y héroe,
o simple paso de la nada y del algo copulando,
vigoroso psicotrópico… incoloro, sin sabor e inodoro.
Extremo que trae en su galope a la locura,
mientras las Moiras afilan sus tijeras frente al hilo de la cordura.

Carlos Arturo

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos