Conoce a quien está detrás de las crónicas

viernes, 25 de marzo de 2011

Paralelos, misterios y deseos.


Adrian luego de un tiempo en coma despertó desorientado, la luz fluorescente le lastimaba los ojos y el cuerpo rígido demostraba dolor en las articulaciones. Se vio solo en la habitación de la clínica, vestido con una fina bata hecha de un material parecido al pellón, de color azul cobalto. Bastante atípico para un centro clínico pero bien por él, era su color favorito.

Intentó sentarse, mientras su cuerpo hacía ruidos al doblar las coyunturas de sus extremidades. Puso los píes en el piso frío y blanco para intentar inútilmente levantarse, aún con la pesadez de su prolongado sueño se encontraba sentado en la cama con las piernas abiertas, los puños apoyados en el colchón y la cabeza baja mirando su oscuro reflejo en un piso bien lustrado. A duras penas se dio cuenta de que tenía un suero intravenoso corriendo por sus venas, apenas recordaba que estaba vivo.

La puerta que estaba a su espalda se abrió de forma sigilosa, pero sentida. Él pensó que sería alguna enfermera o médico. No volteó, mas sus conductos auditivos estaban atentos a la voz. Los pasos rebotaban en forma de ecos por la habitación, el colchón se hundió, él lo sintió…  una voz le susurró con una inmensa tranquilidad y amor: “Bienvenido a este mundo, amor mío”. Adrián sonrío porque ese susurro era el del hogar, el del amor, el de su historia y el de su esposa. Sus dolores pasaron a un segundo plano, mientras el corazón palpitaba aceleradamente, ella lo abrazó y besó su mejilla poblada de pelos nacientes, mordió su oreja como hace muchos años no lo hacía, como él tanto había deseado. El hombre puso su mano sobre la de ella que descansaba en su hombro y las percibió suavemente aterciopeladas.

-Rompes el silencio y apaciguas los dolores como hace años lo hacías- dijo él por fin mirándola a los ojos.

Ella sonriente, comentó: “Todo está encajado en las piezas, ya no habrán razones para la tristeza, ni los dolores”.

Al darle de alta, y montarse en el automóvil, comenzó a preguntarle sobre el accidente aéreo que había sufrido. - ¿Cuántos muertos hubieron? – infirió mientras se nutría de exteriores. Ella solo simuló un no con la cabeza sin dejar de mirar la vía de transito. Él se turbó y la palpitación acelerada esta vez fue de inquietud, de miedo.

-Nadie murió cariño. Todos se salvaron a pesar del desastre – pronunció ella en la parada de un semáforo.

Adrián solo guardó silencio, sintiéndose feliz y confundido. Su esposa le tocó cariñosamente la barbilla y luego pisó el acelerador continuando el camino. Todo se tornó aún más raro al llegar a casa, él dejó su abrigo en el piso de la sala y ella no se inmutó, escuchó ruidos en la polvorosa habitación de su hija y su esposa gritó mirando a la habitación para que la niña para que viniera a saludar a su padre.

Malena corrió hacia su padre exclamando y brincando. Él yacía con las manos frías y los ojos extremadamente húmedos. La niña lo abrazó y Adrián llorando le correspondió, esta vez el dolor había desaparecido. Ella olía a vainilla y su cabello castaño y rizado despegaba el aroma de las flores en primavera, ella era su mariposita, su hada, su niña eterna de ojos miel y voz dulce. Malena le contó todo lo que pudo en un minuto, y le dio el dibujo de unos pájaros azul cobalto, él inmerso en una felicidad melancólica no dejó de acariciarle el cabello y de tomarle las manitas. No obstante, al ir recordando algunos hechos anteriores iban bajando la temperatura de sus palmas y deditos.

La puerta sonó y su madre apareció, Adrián se asustó, sus pupilas se achicaron… supo que las cosas andaban terriblemente bien. El llanto siguió haciendo caminos en su cara, mientras él sonreía y deducía más o menos lo que sucedía.   Abrazó a su canosa madre y le besó la frente, esta vez ella olía a agua de rosas, sus ojos eran oscuros y pardos, tan profundos como el día que Adrián dejó de verla. Cuando la noche cayó y el alboroto de la celebración se hizo una caótica tranquilidad, el hombre descansó sentado sobre el gabinete a la izquierda de la cocinilla. Su esposa tampoco refunfuñó; le dio un beso en los labios.

Llegada la hora de dormir, fue al baño a cepillarse. Al mirarse en el espejo se dio cuenta de que en su cabello no habitaban los siempre odiados cabellos plateados, sintió la sensación de estar en un sueño, sintió que estaba en un plano existencial ajeno al que recordaba. Supo que ya sus seres queridos no eran ellos, sin embargo lo eran. Entendió que ese cuerpo estaba compuesto por sustancias equivalentes a las que poseía, tal vez las que Gilgamesh buscó en sus míticas  aventuras. Reflexionó que ese era su verdadero lugar, el lugar donde su madre y su hija no estaban en cofres bajo tierra, que la crisis matrimonial ahora era una perfecta armonía, y que la muerte acomodó las piezas perdidas de un rompecabezas de piezas inciertas. Un nuevo misterio se abrió, pero Adrián se sentía feliz de habitar la dimensión en la que transitaba. Sueño o no ¡qué importaba! No se podía ir a dormir con los dientes sucios. 

Autor: Carlos Arturo

sábado, 19 de marzo de 2011

Vos



Te extraño como perro a su dueño.
Te necesito, para ventilar en la madrugada los secretos,
Me hacen falta los frescos relatos de tu aliento.
Ambiciono poder rasgar con facilidad la tela de tu tranquilidad.
Aquí estoy, pisando la distancia cada minuto mayor
Pidiendo prestamos al pasado por lo que me toca en el presente
Esperando que enciendas la luz en pos de tu retiro inexcusable.

Te extraño, piel de conserva negra
Te necesito, voz activadora de sustancias
Me hace falta rescatar las promesas dibujadas 
En esa dejadez han perdido su gama.

Aquí estoy, escribiendo sobre tus amadas memorias.
Allá estas, transitando rutinas que se me son un enigma.


Vos:
Mi asignatura pendiente,
Mi deliciosa amargura,
Mi capital invertido,
Mi amansa bestias,
Te extraño, pero no sé si quiera seguirlo haciendo al amanecer.

Autor: Carlos Arturo

jueves, 10 de marzo de 2011

La bruja del viento



-¡La mujer tiene la magia del diablo, muerte a la hereje!- gritaban los pueblerinos  en coreografía y coros perturbadores; las voces en un casi perfecto compás rebotaban en las esquinas vacías, en los muros montañosos, en el viento que las arrastraba. Los gritos nacían en el mundo apretado de Villa Trinidad aún sin fronteras establecidas, el asentamiento llevaba años instaurado  y en continua evolución arquitectónica;  No man’s land y de un todo, es el resumen histórico de un lugar zurcido a bases de memorias encadenadas y a la vez de divergentes interpretaciones.

Ella paliducha por el miedo se encontraba encaramada en un árbol, su cuerpo era muy delgado, de piel “raza” indefinida, con cabellos enredados y ondulantes y sus ojos… eran indescriptibles en toda la extensión. Sí, sus ojos, eran de gata, de caballo, de perro, de pescado, de humanos y de mariposas nunca se supo cual color era su color de iris, ni si quiera la forma de sus pupilas. Era una extraña reacción a cada sentir que se le manifestaba, incluso puedo asegurar que hasta color violetas se les llego a conocer. A pesar de su escueta contextura y de su piojoso cuerpo, logró llegar hasta casi la sima, en un arranque de fuerza y agilidad seguido por sus manos mugres. Desde arriba gritaba con su voz salvaje que ella no era hechicera, que no era lo que ellos gritaban. No obstante, fueron hechos extraños lo que la hundían sobre el veredicto de aquellos humanos de dientes cariados, llagosas manos y olores distintos.

Durante los días que estuvo encaramada en su fortaleza de hojas y madera no pudo dormir. Justo al segundo día de persecución ella comenzó de nuevo a gritar con sus ojos enfurecidamente rojos, vociferó hasta arderle la garganta y maltratar sus cuerdas vocales; en planta baja las mujeres rezaban sin detenerse y fue cuando ella pegó un agudo aullido de indignaciones, miedos, rabias y tristezas. El cielo se nubló y comenzaron a caer unas gotas de lluvia acompañadas por una fuerte ráfaga de viento. Las mujeres que rezaban espantadas corrieron, pero los hombres con el miedo acumulados en sus manzanas de Adán se quedaron inmutados en su lugar. Ahí, donde bloqueaban el paso para la libertad de la chica.  Hasta que finalmente el hambre, la sed, el sueño, el cansancio, la angustia y la rendición terminaron de arrojarla con violencia a esa horda de indoctos y miedosos seres.

Nadie quería tocarla y mucho menos cargarla, ella arrastraba la maldición y los demonios en un frágil cuerpo golpeado y hambriento. Hasta que alguien gritó: “La magia sale de sus ojos que son ofrendas al infierno, los tiene cerrados”. Mientras que el viento soplaba apacigüe.

Despertó más sedienta, con dolores y calambres, sin poderse limpiar la cara y con un agudo malestar en su cabeza. Sintió que su cabello no estaba reposando en sus hombros, abrió los ojos y todo estaba oscuro como abismos de luces descompuestas, como la oscuridad sin alguna fisura.  Le ardían los párpados, sentía dos huecos en vez de ojos, inspiraba el olor a sangre y predecía su muerte. No supo como llorar con dos abismos para su sola oscuridad. Escuchó las voces que entre insultos daban la novedad de que sus ojos ya no eran suyos, palpó sobre su anatomía las piedras que le arrojaban continuamente, y aquella humedad no era lluvia, era un aguacero de escupitajos.

Se sostuvo sobre lo que le quedaba de fortalezas entre la tembladera de sus piernas y su cercana muerte craquelada por ansias ajenas. Hasta que su resignación terminó por quitarle la estabilidad, quedando como un saco colgando de sus manos atadas a cuerdas. Mientras sus labios agrietados y el poco intento de hablar pedían agua como deseo último.

Nadie le temía a ese cuerpo en decadencia, en caos y en destrucción, fue arrastrada hasta su lugar de sacrificio, el ritual del “bien” para el “bien común”, una fiesta para la incineración, unas carcajadas y unos cuantos orgasmos para la muerte. De nuevo fue atada sobre una inmensa estaca de madera, justo en el momento que la gente se peleaba por tener los primeros lugares del espectáculo.  Los pies de la joven sintieron paja seca sobre la planta y entre los dedos en el momento que sus oídos escuchaban los gritos condenadores.

El fuego fue puesto sobre la paja y el calor en ascenso fue acercándose a sus píes. Un remolino de arena dejó ciego algunos y el humo dificultó la vista de los demás y entre ese adjunto de desordenes se escuchó el cantar de unos pájaros que en grupo volaban hacia el norte. Los hombres y mujeres paranoicos y aterrados  corrieron a encerrarse mientras la hoguera seguía encendida. Llovió lo suficiente como para menguar el fuego; los pueblerinos encerrados gritaban que la bruja escapó transformándose en muchas aves, pero ella yacía descarnada, chamuscada y “purificada” sobre las cenizas de la paja y el charco de la lluvia formado allí. 

Autor: Carlos Arturo

jueves, 3 de marzo de 2011

"Poema" necio para ciegos, sordos y mudos por convicción


Conciliación teñida de sumisa siendo guerrera de inagotable energía
  
Calma, tranquilidad y paz
Con el soneto de grillos al compás 
Igual al viento, a su susurro.

Silencios agrietados e interrumpidos de pensamientos dibujados
  
Espejismos en el cielo, en cambiantes morfismos.
Como un blanco universo de formas.
Imaginación dependiente de la creatividad.

Un mural húmedo propenso a cambios drásticos
  
Realidad, surrealismo y fantasía 
Como dimensiones paralelas a esta.
Simbiosis de locura y cordura.

Rescatando las contradicciones para no comer dualismos
  
Luz, sombras y movimientos
Como la sombra tras la materia
Hábitat de frescuras y miedos.

Abismos tragados de penumbras interrumpidas por la luz
  
Natura, factura y formas
Como Gea amando a los sapiens
Igual a una guerra que termina en castigos

La semilla que germina del contorno poblado de savia

Silencio, activismo e ignorancia
Como el humano mojado en animalidad
Igual a dormitar soñando con los ojos despabilados.

Resurrección de lo más básico para contrastar lo complejo

Cultura, política y cuerpo
Como la infamia y la nobleza
Entre dialécticas de Marte y Venus.

Cuerpos funcionales hundidos en una fosa de discrepancias
  
Razón, certeza y terquedad
Como una verdad que se abalanza entre otras muchas
Igual al vicio subjetivo y a los vidrios rotos de mentiras.

Intentos desgastados de trazar vías sobre ruinas
  
Diversidad, comodidad y miradas
Como la intolerancia en la sangre
Igual a violencia, diferente a las grietas de preconceptos.

Las posturas tan cercanas y tan lejanas del aclamado sentido común 

Filantropía, misantropía y crítica
Como forma que le da una boca
Igual a vos, igual a mí.

….Educación….

Autor: Carlos Arturo

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos