Conoce a quien está detrás de las crónicas

viernes, 30 de diciembre de 2011

Te vas



Te vas,
como eso temporal
arrastrando tapices envejecidos,
desempolvando un conteo más a estrenar.

Te vas,
como la hebra en la tela,
limitando tus alcances al archivo del homo sapiens,
flotando en realidades alternas experimentales.

Te vas,
como una referencia de muchas al pasado.
El presente que de a poco te da la vuelta;
el futuro que se vuelve un septiembre de ayer.

Te vas,
como ladrón que remolca experiencias a otros mundos,
un abrazo de texturas a la gente,
un boleto justo en las agujas del cuenta tiempo.

Te vas,
con unas tantas semillas sin germinar.
Tierra heterogénea y compacta en sus bordes;
fronteras del país de la “realidad”.

Te quedas,
con un tumulto de estampas y sabores.
Como la forma de relamerse un ciclo.
Nido de movidas que se comen los tejos.

Renaces,
con una excusa renovada;
Tramitando malabares estelares,
dominado por los dogmas y libertades individuales.

Te vas,
y creemos que es cierto.
Paradojas de Cronos,
hijo de la creación alternativa.

Bienvenido,
alójate en el almanaque.
Reverdece contratos con las promesas,
ubica la rutina de los siglos.
Aunque las cuentas no den….

Aquí, allá o ahí tus faces tienen mucho qué decir. 


¡Feliz año 2012!

Autor: Carlos Arturo

jueves, 24 de noviembre de 2011

Corazón de piedra

    Esta publicación fue escrita en el 2003, cuando la existencia se me hacía aún más complicada entre hormonas desatadas, intensidades y el constante redescubrimiento del yo y de los demás. Cuando por inocencia culpaba al corazón de todos los actos. Para celebrar mi entrada número 100, se las dejo:


    Se habían cumplido tres días desde que se fue en su animal mecánico en busca de ilusiones y sueños inalcanzables. Se fue y me convenció con baratijas psicológicas que su voz solo susurraban en mi oído; guardó en sus bolsillos falsas sonrisas preparadas con ingredientes místicos para cualquier ocasión, llevaba en las maletas historias sorprendentes y conmovedoras; la hipocresía es un tumor que expulsa infección por sus poros y esa esencia apesta, solo es un retrato mal montado.

    Un teatro, eres... seres fraudulentos en un mundo donde eres tú lo mejor; la vida a ti no se te acaba ahí donde la muerte es un laberinto pasional. Sueños que generan alimento a tu ego.

    Sus ojos estaban llenos de avaricia, ese aliento de ambiciones, sus oídos solo escuchan lo que el dinero canta. En sus ojos solo ven el grito de mil almas con las que se identifica. Su boca, habla cosas que le interesan. Un cuerpo a molde del egoísmo, entre pecados como zapatos llenos de barro. 

     El mundo para ti es lo que nunca podrás comprar y eso hace que hiervan tus neuronas. En tus delirios no hay llantos que no sean fingidos, y yo, aquí ahogándome en un mar de lágrimas saladas por vos, por ese corazón de piedra. 

Autor: Carlos Arturo

lunes, 21 de noviembre de 2011

Insomnio


El silencio reina en su concierto,
a un sentido de la vista que pierde perspectivas
en una intensa sombra relamida de madrugada.
Oscuridad plena que prende las memorias,
entre cuatro esquinas que se vuelven planas
¿Sueño, dónde has ido que me privas de tus maravillas?

En esta noche hay un apareamiento masivo,
una orgia de fantasías, ideales y realidades,
tanta sandez junta gritando a placeres variopintos.
Multitud de recuerdos desacomodando sábanas.
Morfeo, no me dejéis solo, vacío de vos…
Ya no quiero engordar siendo amamantado por Nix.

La soberana Selene se erige en lo alto,
con su plebe lejana de estrellas ardiendo;
un techo que se pierde en la noche,
me roba el anhelo de la creación.
Y el frío es injusto con la soledad,
somnolencia caquéxica vencida por el pestañeo.

Estas horas cercanas al amanecer,
con un puñado de inquietudes detrás de los ojos.
Redefiniendo ciclos absurdamente.
Irreverente reloj que habita en mí,
haciendo de lo infinito un imposible
el descanso es mi sueño ahora, pausar la realidad.

Él, tan él; tan yo…
Me persigue clausurando puertas al delirio,
Me ama, lo amo…
Desde el cerebro hasta las fosas nasales.
Lo odio, me sigue amando
el insomnio me ama.

Tan egoísta, tan inconsciente.
Lo entiendo, lo condeno.
Tan lejano a ser una máquina orgánica,
confinado a ser un concepto,
lo redefino otorgándole humanidad,
él me viola el derecho a ser un dios en trance
en los confines de mi psiquis.

Autor: Carlos Arturo 

domingo, 6 de noviembre de 2011

El confidente


Se sentó a un lado de mi alrededor, yo miraba el techo mundial reaccionario a la luz que mostraba a un viejo dios ocultarse entre naranjas cada vez más intensos. Puso sobre mí su capa de gaza translúcida, negra y escarchada, amplia como sus suspiros,  cándida para avivar mundos alternativos de imposibles desechos e inestabilidades seguras. Los dos mirábamos sin rumbo, con el viento interrumpiendo silencios que podrían ser incómodos, no compartíamos miradas, nos las conocíamos de sobra, aún con los párpados sellados por la fuerza del letargo se dibujaban en el imaginario sin olvidar un solo detalle. Yo, le conocía desde  su desnudez hasta los vestidos turbios y melancólicos, sus escotes luminosos de piel casi plateada.

Ella, siempre tan disciplinada en su irreverencia, rebelde de una brisa que cuenta sus mil y una mitologías, leyendas e historias protagonizadas por su existencia. Toda una culta señora, que en un tiempo largo ha brindado de su seno la leche a criaturas adoptadas, seres paridos todos de la imaginación de dioses mugrosos, mentiras que a juro le propiciaron una máscara de horrores. Al otro lado de esa barrera de preconceptos se detalla su belleza, atrevida y universal, llena de acertijos sencillos en su estructura, pero profundos en su formación ideológica.

Es un placer tomarla de su fría cintura, acariciando sus formas, aprovechando su exclusividad por llegar siempre del otro lado del mundo, para dejarla que haga el resto, con una sincronía perfecta que se plaga de costumbres, calándose aún las desfiguraciones que las generaciones vienen edificando. Apenas sonríe, haciendo de su escote un círculo inmenso tornado de dorados sutiles, y cuando entristece no más que un vestido plomo forjado de lino rústico apabulla el horizonte que a juro le toca decorar en su permanencia por estos espacios.   

Me contó de su corazón, una masa con forma de pera, que gira y avisa cuando debe comenzar a buscar su nueva estadía, también, sin el privilegio contradictorio de poderlo dedicar a amores, porque ella es de aquí un momento en el que desaparecemos del mundo, y es de allá cuando despertamos queriendo amarla con todo y sus prejuicios impuestos; confesiones de casi 12 horas, contrastadas con sus ojos completamente negros, maquillados con la esencia de las sombras y las luces.

Ella cuenta de sus prostituciones en viejas esquinas, entre vergonzosas y cuasi dignas sin siquiera fruncir el ceño; de los faroles que se funden cuando insectos golpean los cristales  con cierta comedia que se vuelve un delirio de paradigmas inentendibles;  de las muertes y los gritos ahogados de las que ha sido testigo, de la Catrina mexicana y su afán de negar sus genes con un sombrero con plumas de avestruz, de sus aventuras coquetas y mortales con los de la otra especie. De la embriaguez de la cual se humedece su vestido casi transparente, de los besos a escondidas, sobre desafíos a la naturaleza, sobre eso oculto a lo que tanto tememos.

Sopla nanas que de a poco van hipnotizando a sus encargados, con frecuencias que suelen ser confundidas con el miedo. Ella, pecado puro inventado, que decora el Hades cada vez que se muestra a los ojos humanos. El misterio de su piel equivale a un concepto de los “yo” en el mundo. Sentado ahora frente a ella, con la vista insuficiente para abordar su faz, he sido su confidente con ingredientes de silencios y reflexiones, su palidez que se va a aclarando conforme se acerca su partida al cantar las aves su despedida, para recorrer culturas, sistemas, realidades y fantasías, con un vestido inmensamente largo, que paulatinamente desiste en permitir colar la alborada, dejándome un insomnio descarado que zumba en mi mente su pronto regreso.

Autor: Carlos Arturo

lunes, 31 de octubre de 2011

Halloween: tres microrelatos.

Saludos apreciadas amistades, aquí les dejo los siguientes microrelatos que escribí para un concurso a nivel regional sobre Halloween. Por primera vez, escribo historias de terror, así que ustedes tienen la última palabra. Escucho sus recomendaciones y opiniones. Shalom.

Fiesta de Cumpleaños

      Cuando Aníbal despertó con apenas la vista eficiente pudo avistar un depósito deteriorado por los años de abandono, un olor a muerte fresca se respiraba en el lugar mientras sus ropajes ensangrentados se humedecían cada vez más. Todo estaba a media luz y borroso, apenas el silencio se rompía ligeramente por el sonido de unos chasquidos a su espalda. Aterrorizado con los pantalones derramados de miedo solo podía llorar, su cuerpo fraguado estaba sin responder a sus órdenes. De pronto, unas pisadas comenzaron a hacer ecos en el espacio, eran tacones los que sonaban a los pasos. Él sintió un miedo inigualable, y un reflejo involuntario asaltó sus ojos en cuanto escuchó un ladrido. Un pedazo de carne cayó a su frente y el animal complaciente fue a comerlo con entusiasmo, era un caniche con sus pelajes enredados y su rostro dulce ensangrentado por los bocados crudos; los latidos de aquel hombre podían ser escuchados por él, cuando los pasos lentos se acercaron sintiendo una presencia que con sus brazos lo cubrió de espalda a pecho, besó su mejilla con una sonrisa muy femenina y una barbilla que raspaba como lija. Acercó sus labios carmín a su oído susurrando terrores y consecuencias, su respiración tibia la sentía en su pelo y una voz gruesa murmuró con la oscuridad de cómplice: “bienvenido a mi cumpleaños”. Mientras una gran mano bajaba por su abdomen.


La dama de los pájaros

     La mujer había sido amarrada a una hoguera, mientras la multitud a su frente gritaba con sed mortal en sus ojos, cientos de bocas apestosas, cariadas y enfermas contaminado el aire con una infamia nacida desde su cosmogonía reproducida herencia de antepasados. Ella, miraba mientras a otros la observaban desnuda, atada, desprotegida e irrespetada por todos aquellos espectadores; jauría de seres cegados por los miedos y las mentiras nacidas de las excusas. Alguien con las mismas características de aquella horda de hambrientos de muertes prendió la paja que los pies de la joven aplastaban, y el fuego creció con el ardor que consumía sus piernas. La mujer gritaba y ellos reían, el dolor de su diferencia, lo tóxico de los discriminadores eran un juego quebrado de traducciones malas, falaces y mediocres sobre designios sobrenaturales. De su pelo comenzaron a surgir pájaros negros de ojos escarlata, que volaron hacia arriba como el humo, en cambio, la humareda se condensaba y no flotaba, crecía a los lados y se expandía mientras que su gris cubría la plaza donde la muerte era un circo de risas y alivios. Todo oscureció en el día, todo se quedó en mutismo, solo se escuchaba arder los últimos vestigios de un cuerpo humano, mientras las aves prietas regresaban, el humo se difuminaba con el viento dejando un escenario de muertes y aves alimentándose de los ojos de los espectadores que acudieron a ver arder la hoguera.


El muñeco

    El camino de sangre corría hasta la envejecida casa de barro y techo de zinc. La luz del día apenas se podía colar entre los agujeros hechos por las ratas que hacían del lugar su nación de abrigo y reproducción. Un silencio constanmente interrumpido era lo que daba vida a lo que Cronos se empeñaba en matar. Atravesando la habitación estaba él, con su imborrable sonrisa infantil, con los ojos fijos y secos, sus zapatos de charol pegajosos y sucios, su cuerpo de madera hinchada por la humedad y los años.

    A sus pies un cadáver parcialmente despellejado aún pululaba el líquido que entre venas solo lo detiene la muerte, y su perfume inundaba completamente el espacio, que casi amaneciendo comenzaba a dibujar las imágenes a punta de luz. Él, corrió a su lugar de descanso con las articulaciones chillando como si se tratase de una macabra sonrisa. Goteando sangre, simulando vacíos donde una abominable vida existía sin encontrar parar de matar.

     Los días pasaron y el olor a putrefacción se expandía. El cuerpo de investigaciones al llegar al lugar encontró un niño degollado, con parte del brazo derecho y el pecho sin piel, con un disfraz de conejo manchado por la reseca sangre al estar expuesta. Y sobre el cadáver, un muñeco vestido de cuero moreteado y cosido de forma caótica, en sus manos de madera apestosa una aguja y un carretel de hilo… en su cara esa expresión vacía, de sonrisas obligadas, de ojos sin retinas y de vida sin sentido.

Autor: Carlos Arturo

miércoles, 12 de octubre de 2011

Hay


Llueve, pero no moja
sobre bocas que se silencian.
Extremidades igualmente diseñadas
diferenciadas por su bronceado.
Fieras sobre fieras,
que terminan desgarrándose la integridad.

Hay cansancio, pero nadie duerme,
demasiada fiebre sobre las historias,
ojos azules y marrones que no concuerdan.
La misma naturaleza agricultora,
citas de referencias conflictivas.
Blancos, amarillos, rojos y negros que no lo son.

Paz, que se descontextualiza,
utopía de igualdad empolvada y corroída.
Ideales que se configuran y desfiguran
a ojos de miradas rotas de ignorancia harapienta,
Sobran desprecios entre paréntesis,
Abunda amor entre corchetes.

Hay, pero no basta,
también hay y es grotesco.
A la venta la educación mal intencionada,
reverenda la religión intolerante,
y la política de pus que nace en las esquinas,
infectando de rabias a la multitud,
que solo busca respuestas en sus herencias culturales.

Reflexión, que sueña con bailar con su mejor vestido,
sobre una gama de pieles que la alimente.
El despertar de los dopados,
bajo la inquietud de coser heridas y fraternizar.
Que ellos y ellas sean muchos, sean uno,
en los espacios propicios de evolución.

Autor: Carlos Arturo

jueves, 6 de octubre de 2011

Memorias desnudas


Desperté con un sismo en el cráneo, la dama con la que compartía la cama me había golpeado mientras se movía para acomodarse sumida en el sueño. Yo me senté, tapándome la cara con las manos, y entre los dedos miraba mis rodillas con los huesos casi desnudos, blancas, peludas, arrugadas y acomodadas perfectamente haciendo del espacio casi un triángulo. Nada cubría mi órgano genital, esa madrugada fui naturaleza entre creaciones humanas, fui más animal de lo que se niega, sin ningún pudor de permanecer ahí dando la espalda a otra criatura desnuda, tan igual a mí, tan diferente, tan de otra especie, tan de esta.


Me levante caminando hasta una pared, me iba acercando y la inmensidad de la sombra se encogía, como un niño sonreí ante tal tontería. Demasiadas penumbras ambientaban el espacio a escalas de grises; negros intensos, casi absolutos, blancos incandescentes propios de la luz, que mareaban nublando la vista, empañándola aún más de oscuridad, los difusos espacios grises parecían de fotografías, y allí estaba ella, desnuda, boca arriba con un perfecto perfil que encuadraba pulcro al escenario, un cuarto de hotel, malicioso, apenas limpio, con sábanas de algodón egipcio, reflejadas en un espejo en el techo, donde se me veía hasta la manzana de Adán. Yo, que me acosté con todos sus recuerdos, con todos sus hombres pasados, con sus experiencias, con el tufo a cigarrillos en sus labios desteñidos y poderosos. Ella también se había acostado con todas las mujeres con las que estuve; la besé y todas ellas la besaron en ausencia. Sus caderas eran como las de Any, sus manos como las de Fabiola, su cabello ondulado como el de Carmen, sus pezones como los de Laura, tan jóvenes y prometedores, tan míos a ratos, tan de todos a tiempos. A pesar de sus ronquidos la sensualidad seguía intacta, se paseaba húmeda sobre su piel y se asentaba en un tatuaje en el muslo, con su nombre y arabescos alrededor.

En la habitación no había amor, ni había cariño, solo un condón usado en la papelera, un pacto a quema pieles de besos y manoseos, cuerpos náufragos de la atmosfera, sudados, agitados, cándidos y locos. Ni si quiera recuerdo cuantas veces la miré a los ojos en el acto, pero los cerré en cada rose de labios, supe del sabor de la carne viva de su boca, manchamos nuestras pieles con cada huella dactilar, crimen o no, estábamos atiborrados de material genético ambos, de perfumes a desnudez, de latidos acelerados, miradas perdidas, silencios eróticos.

La dama dormía sin incomodidad alguna, sin importar estar fuera de su territorio, con la música de la ciudad en expresión clara. Todo era gris pero increíble, todo era picante  y destapado. Fuimos cuerpos sin nada que ocultar, con complejos en el piso esperando vestirnos de nuevo, con ambientadores para difuminar los rastros de orgasmos en nuestra respiración. Ello, me dio vueltas en el cráneo una y otra vez, y sonreí de nuevo, como idiota, como adolescente,   al recordar eso de que los caballeros no tienen memoria… una excusa perfecta, y también de que las damas no tienen pasado.

Revivimos las historias de camas al acostarnos, al saber cómo brindar placeres debajo de la ropa, yo con mi memoria sobria sin influencias machistas de por medio y ella con su pasado bailando sobre mí, escrito en aquel tatuaje, transcrito al rose de nuestros pubis; currículos que hablaban a voces de otras vidas con las nuestras. Una dama con distintas lenguas que pasearon su boca, un caballero que olvidó llamar a la chica de la semana pasada por guiñarle el ojo a la que ronca sobre el colchón. 

Autor: Carlos Arturo

domingo, 25 de septiembre de 2011

De sus dedos... pecho... imaginario...



De sus dedos fui fiesta con instrumentales de tactos,
de ellos, fui como ondas en el agua a golpe.
Temperatura y texturas, desde su pulgar hasta el meñique
sanguijuelas de pasiones,
adicciones recalentadas en la sartén de sus caprichos.
Demasiadas huellas de injusticias aromáticas,
huellas dactilares hasta en la lengua.
De sus dedos fui aventura y surrealismo
sonrisas y olvidos.

De su pecho soy un destierro,
un ciclo de glorias que terminan siendo penas,
en su lado izquierdo el motor no me abre sus puertas.
De ello soy la necesidad que ya no hace falta,
de ello un rostro borroso,
moscas en el almuerzo.
De todo su tronco soy una vergonzosa imitación de amor.

De su imaginario seré un árbol entre bosques,
un tiempo que polvoriento cambia de color,
sombras que no son suficientes para el resol de las incomplacencias.
De su mente seré una sonrisa maliciosa,
un silencio bordado de más silencio,
Costuras zafadas que se halan con los dedos.

Que en su pecho no ocurra lo del Sahara,
que su egoísmo no termine insensibilizando sus dedos,
que su imaginario no siga acumulando tanta basura como trofeo.
Y que el tiempo haga lo suyo…
Entre anillos, lazos, amnesias y alteraciones.
El fénix renacerá ahogado en el mar,
me he encargado de sus cenizas.  

Autor: Carlos Arturo

lunes, 19 de septiembre de 2011

La madre sustituta


El novio de la joven llamaba a la puerta, era una madrugada silenciosa, muy penumbrosa gracias a la forma en que habían sido construidas las instalaciones de aquel espacio. Eran casas de una sola planta, pegadas unas a otras y separadas al frente y costado derecho por veredas, con una anchura de aproximadamente un metro. Las pocas farolas encendidas apenas evitaban que alguien tropezase con obstáculos inesperados. La joven era menor de edad, sin embargo ya estaba activa sexualmente, era de tez canela con el cabello lacio, ojos miel, risa ancha que nacía de labios corrugados.

Él con el sigilo a su favor llamaba, pero los ojos claros no daban respuestas. La temperatura se hacía cada vez más densa y fría,  la desesperación y los nervios tal vez jugaban con su cuerpo. Lanzó la primera piedra y un baño de agua cayó sobre  aquel hombre, haciéndolo gritar al instante. Lanzó otra piedra al lugar de donde provino el agua, y en respuesta le lanzaron un tobo  rojo que no alcanzó a darle. Cuando miró a un lado de la casa donde un alto muro de cemento y bloques protegían el lugar, vio el rostro de una mujer enardecida, de tez pálida y cabellos lacios, con los ojos enrojecidos y una rabia que nacía desde sus cejas, un árbol de limón que yacía a su lado se movía sin haber fuertes vientos y en un grito ahogado hizo correr a aquel hombre sin ganas mirar atrás.

Ella flotaba por el aire con sus  pies desvanecidos en la atmosfera; siempre sabía qué hacer con sus adorados, cuidaba con dedicación al pequeño Antonio. Movía la hamaca donde dormía con la suavidad que la madrugada siempre proponía, la habitación parecía un encuentro con el sueño, todos dormían si permanecían más de algunos minutos en él. Algunas veces, ella era humo o vapor que cándido arropaba a su querido niño vivo. Él siempre dormía, solo abría sus ojos para comer. La dama de cabellos oscuros entendía que no lo podía alimentar y cambiar, por ende se encargaba de hacerle saber a su verdadera madre que el bebé estaba hambriento o sucio. Aún cuando ésta se encontrara de fiesta en alguna madrugada.

Se le aparecía donde estuviera, siempre señalando a su casa, con el mutismo de sus juramentos. Cuando la mujer se empeñaba en ignorarla, ella fúrica se transformaba en un ser de ojos sangrientos con la piel casi gris. Ángela, debía dejar todo por ir a cambiar el pañal o darle de comer. Su presencia era cómoda, puesto que siempre estaba al pendiente de las criaturas; cuidaba como debió cuidar a su hija muerta, sobrellevaba su ectoplasma y penaba con el afán de no volver a morir de sufrimiento, de encontrar en otros recientemente nacidos la dulzura que hoy putrefacta y consumida reposaba en algún hueco del cementerio del pueblo.

La mujer de materia liviana, esperaba algunas veces a Ángela en las escaleras que llevaban la puerta que daba el frente a la vereda, siempre señalando la casa, nunca bajando el brazo, con una faz melancólica, temerosamente tierna y quieta. En una de esas ocasiones, apuntó a al hogar con los ojos totalmente negros, abismos inexplicables, boca sellada de palabras sin sonidos, de pronto, enfurecida comenzó a tirar y romper todo en la humilde vivienda, el frío le provocaba transpiraciones a las paredes, su rabia ciega reventaba espejos y vidrios, su pelo era un remolino oscuro sin luces en el centro. Su cuerpo se mostraba desnudo, con cicatrices en las costillas, con los muslos cortados, los labios rotos y resecos, la cara envejecida y polvorienta, las manos eran un turbio cristal sucio. Todo temblaba, menos la hamaca, todo se agrietaba, menos la habitación. Las chicas corrieron hacia allá con Ángela, quien se encargó de cerrar la puerta.

Aquel dormitorio de paredes infantiles, no era el mismo. Antonio, no reaccionaba al ruido. Ángela, corrió a observar el niño, que con sus labios morados anunciaba que parte de él se consumió entre sueños prolongados, bajo la sobreprotección de la obsesión del “buen” cuidado; cuidado que la madre consanguínea negó al pequeño por cocinar sus crudas decepciones con embriaguez, por las sonrisas mal nacidas  y los excesos entre bailes y manoseos. Ello vino a la mente de Ángela, y era una tormenta más devastadora que la de la madre sustituta. La maldición del espíritu se reproducía en ella… la mujer de pies inútiles lloraba por todas las paredes, empañaba los trozos de vidrio, y se consumía en su propia materia, moría después de muerta, perecía vencida de nuevo. Desidias y sobreprotecciones, miedos desdoblados en realidad.

La oscuridad reinó en la casa, hasta que el amanecer se colaba entre los espacios, alumbrando la cara de las criaturas dormidas y sudadas, mostrando a una Ángela húmeda y en silencio, aferrada a su bebé frío y duro, negado a volver, a despertar, a abandonar el recorrido del Hades, a renunciar ser un ángel. La muerte de Antonio, marcó muchos fines e inicios. Desapareció la presencia, desapareció la descuidada madre a punta de terapias, inicio un recomienzo y redefinición del hogar, para sonreír Ángela le hizo menos falta salir de su hogar. Sobre un rincón hay flores y velas para dos, uno para Antonio hijo siempre querido y otra para su madre de cuidados, la sustituta de tiempo completo, la que no se sabe si descansa en paz, o está de visita en un nuevo hogar intentando mantener viva o vivo a su próximo infante.

Autor: Carlos Arturo 

viernes, 9 de septiembre de 2011

¡DE REGREESOOO!


Primeramente, les confieso que me encanta volver a este pedazo de mundo donde el imaginario, los sentimientos, la creatividad y los ideales se ponen ante que la carne y la apariencia. Llego con muchas novedades, que por supuesto, les quiero compartir… se les ha extrañado en cantidades gordas, pero debido a compromisos académicos tuve que irme sin tener tiempo de pasarles el aviso. Y es que el transcurrir de Cronos en los últimos tres meses estuvo lleno de acontecimientos muy tristes y alegres. Eso sí, de lo lamentable no les hablaré, lo importante es que de todo se aprende lográndose aprendizajes y experiencias, que en mi caso alteraron un poco la órbita de mis pensamientos.

Estuve desaparecido porque me tocó ponerme a trabajar muy, pero muy, muy, muy, muy duro con mi Trabajo de Grado, no obstante, cuando estaba casi terminado algún desgraciado/a me ha borrado casi todo el segundo capítulo, tuve que nuevamente sentarme una semana completa durmiendo solo dos horas para poder terminarlo. Afortunadamente todo fue excelente, en un rango de 140 páginas solo tuve 10 correcciones, cosa que me pareció un logro teniendo a una tutora tan exigente, perfeccionista y experimentada. Los resultados del trabajo impreso fueron 160 páginas en el cual analicé a la fotografía como un recurso didáctico para la enseñanza de la historia y la geografía, aunado a la reconstrucción geohistórica a través del documento fotográfico de la Isla de Providencia, un pueblo fantasma ubicado en el Lago de Maracaibo al occidente del país, fundado como un lazareto en 1831 y desalojado en 1985. La investigación resultó ser muy productiva, destacando un espacio invisibilizado por cargar el nefasto acontecimiento de la lepra en el territorio nacional y todo lo que ella implicó, además, de vincular la historia venezolana con la europea que para el siglo XIX se encontraban fuertemente atadas y aún hay secuelas imborrables de ello, y de resaltar lo que son las alteraciones de los espacios gracias a la mano humana, su degeneración y regeneración vegetal. A la hora de presentarla (el 5 de septiembre) la crítica del jurado calificador fue increíblemente excelente, nunca esperé tanto de una tesis, además de la buena crítica me propusieron el uso de la misma para dar clases a alumnos de post grado con mi autoría. Un trabajo considerado novedoso, innovador, pertinente y denunciante, según las palabras del profesor e historiador Germán Cardozo. Cabe resaltar que no hubo ninguna corrección por hacer, mi redacción fue tachada de elegante y encantadora (No más de recordar eso se me ruborizan los cachetones), valiéndome una mención honorífica.

A mí me dejó mucho más que satisfacciones, aprendí a redactar mucho mejor, a investigar y a llevar dos elementos que tanto me interesan al campo científico. Otra noticia es que desde abril del año que corre me he puesto a dieta, debido a que había tocado fondo en cuanto a mi descuido, ya mirarme al espejo era saberme enfermo, horroroso y malquerido por mí, y es que llevar 145 kg sobre dos piernas es razón de muchas preocupaciones. Así que me puse a trabajar en eso,  perdiendo hasta ahora 40 kg, todavía me falta bajar más, y en eso laboro.  

La tercera noticia, es que mi tutora me ha propuesto que trabaje el tema para la maestría en historia y me ha invitado a participar en investigaciones sobre los medios audiovisuales para la transmisión de contenido histórico.  También, he pensado en llevar mi investigación a una ponencia que se celebrará en octubre en el Estado Guárico. Aunque todo está en “veremos” han llegado propuestas interesantes que me hacen ver que todo lo sucedido ha valido la pena y que los resplandores siempre están ahí aunque cueste verlos.

Estoy de regreso, y muy feliz por volver a leerles. Les dejo por ahora un gran abrazo y el compromiso de ponerme al día con sus publicaciones. Espero que aún recuerden quién soy ;)  


Hasta el próximo post. Atentamente: Carlos Arturo (Caco)

domingo, 19 de junio de 2011

Los ojos malvados del malecón


    Él caminaba siempre solitario por el malecón, sobre madrugadas que recibían encantadas los partos de nuevos días; la muerte de éstos al llegar las 12:00 a.m.; esa rutina llamada ayer, para no tener  que dedicar pésames a las horas siguientes.  Su lenguaje al caminar… un toca pasos solitario, pausado y rítmico  entre las altas horas de la noche. Supongo, que siempre regresaba a continuar su tarea de develar los poemas de la brisa, siempre salada y brusca. Yo, lo observaba desde la ventana, admirado de ver tanta armonía en el mutismo de su existencia junto a la música y perfumes que esa barrera siempre entonaba.

    Sus ojos eran libres, pero confundidos por los otros habitantes como malvados. Su semblante discurría paz, con una boca ancha que parecía estar denotando una sonrisa a toda hora. El problema estaba en sus cejas, ellas me contaban otra historia más dolorosa, un trozo de huracán existencial, algo que la vida archivaba sin desentonar. Él sufría aún más que sus pulmones por tanto fumar, sus adentros estaban completamente desechos y oxidados; el hombre no tenía las fuerzas, ni los ánimos de aguantar las violentas embestidas de las olas de prejuicios humanos. Ellas no solo mojaban, cada bocal, consonante o acento lapidaban y cortaban… yo los oía, yo me congelaba para frenar mi valentía.

   Ese caballero tenía dos infiernos a elegir: la clandestinidad o la limitada libertad de la confesión. Él eligió el camino más difícil, el trazo valiente de mostrar su verdad a costa del rechazo. Sufriendo las consecuencias, porque cuando uno termina revelando muchas verdades, el ambiente las rodea con mitificaciones, desdoblando mentiras para comerse una realidad válida. Aquella persona murió para no seguir pereciendo, tal vez su cabeza era de las pocas cuerdas de esta isla, y si me equivoco prefiero morir atado a esta idea.

   El lugar añora su presencia, sigue el mismo poema de brisa salada, la inquietud de las aguas, las bases rayadas con letras horrorosas. La soledad lo espera; ella llora su ausencia, voltea y me mira desesperada, mientras yo me hago que no la veo para no sentir más dolor del que quiero. Sus ojos malvados ya no escribirían noches en desvelos, ya la madrugada estaba un poco deshabitada… No vale la pena si quiera inmutarse al mirar el horroroso escrito sobre el piso del malecón, ese que dice: “Vete del pueblo maricón”.

Autor: Carlos Arturo

jueves, 2 de junio de 2011

El sol que habita en su pelo

Dedicado a Ángel Daniel. Un amanecer portátil, un poema encarnado.  

En su cabellera se reproducen finos rayos de sol
y un contraste de su piel con arena de mar;
perpetuo brillo donde rehúyen las penumbras,
mas se asientan en sus ojos de madrugadas tranquilas,
de texturas monótonas y sabores diferentes.
Es mi pretensión hacer un recuerdo tangible,
en máquinas de tiempos gráficas...
Que hablen del pasado en un futuro hecho presente.

Niño,
quédate ahí, donde la imagen encaje en tiempos estacionados.
¿Acaso es una fotografía?
Mantente quieto, para capturar un quinto aniversario de vos.
Aturde la idea de la borrosidad de tu nitidez.
Alivia la satisfacción de plasmar tu esperanza para aventuras.

Sobrino,
Hay un sol habitando en su pelo. 
sois un Ángelus que nunca se repite.
Una criatura que destila luces multicolores.
Ser de voz aguda;
carne que corre con rebeldía,
interrogador y facilitador de respuestas. 


Junio huele a su sonrisa,
a falta de tres dientes, no se descuentan amaneceres.
Fresco como el primer día del mes.
Enérgico.
Constantemente vivo….
¿Niño o poema de la natura?
Regálame un instante
permíteme un minuto de tu existencia,
yo me encargo de hacerlo perdurable. 

Autor: Carlos Arturo

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos