
Esta vida tuya y mía… que ha ido dispersando letras en las palabras. Los “te amo” ya sólo son silencios guardados. La rutina nos ha sumergido en un sueño que no es nada cómodo.
Mis manos me duelen por los años pasados, tu mirada se borra cuando intento mirar más allá. Somos personajes en muchedumbre, donde nuestras caras se difuminan entre el calor humano.
Tu belleza se ha ido cortando con la piel. Tu plateado pelo ya no huele a jazmín y no es tan manejable como cuando la oscuridad imperaba sobre las mechas de tu ornamenta natural. Tu cuerpo de cintura extirpada ya no es fibroso. Nos hemos vuelto suaves y temblorosos. La luz que entra de la ventana te hace bien. Nunca me has dejado de parecer hermosa, mujer de mis décadas añoradas.
Disculpa si no te conozco a distancias, y perdona si me quedo dormido cuando hablamos. Mi cuerpo ya no es el mismo. Fíjate en las huellas de mis manos, esas huellas serán evidentes cuando nos damos cuenta de que la juventud no hace inmortal a nadie.
Me duele hasta parpadear… pero quiero seguir con vida a tu lado, mientras me sea posible.
A pesar de todo, te amo, no como nuestra juventud, han sido años los que han profundizado a eso que nos unió un 28 de noviembre.
No sé si me estarás escuchando. Has mutado desde hace dos semanas en la bella durmiente. Tengo miedo de tu suerte… no quiero tener que soltar tu mano. Mis labios acalambrados están de besar los tuyos, para ver si como en los cuentos despiertas y me brindas tu sonrisa picarona.
Los libros no sacian mi ansiedad; mis pies no soportan el frío piso de cerámica blanca. Recuerdo cuando por debajo de la mesa acariciaba tu pierna; recuerdo cuando susurrabas al oído frases aisladas.
Ya no sé cuando deba decirte adiós, y no sé, si... sin ti mi cordura se mantenga.
Dispensa mis noches de olvido, las peleas, los desplantes y las dudas. Mi lugar siempre es junto a ti. Perennemente lo ha sido.
Esta noche de noviembre 28, brindo por un año más de unión. Yo con mi agua mineral y tú con tu suero intravenoso. Yo con mi esperanza de ver tus pardos ojos, y tú enclaustrada en un sueño incierto.
En estos 50 años de aniversario, mi único deseo es que ese aparato de sonido parpadeante, no se haga un solo chillido.
"¡Salud!"