lunes, 31 de octubre de 2011

Halloween: tres microrelatos.

Saludos apreciadas amistades, aquí les dejo los siguientes microrelatos que escribí para un concurso a nivel regional sobre Halloween. Por primera vez, escribo historias de terror, así que ustedes tienen la última palabra. Escucho sus recomendaciones y opiniones. Shalom.

Fiesta de Cumpleaños

      Cuando Aníbal despertó con apenas la vista eficiente pudo avistar un depósito deteriorado por los años de abandono, un olor a muerte fresca se respiraba en el lugar mientras sus ropajes ensangrentados se humedecían cada vez más. Todo estaba a media luz y borroso, apenas el silencio se rompía ligeramente por el sonido de unos chasquidos a su espalda. Aterrorizado con los pantalones derramados de miedo solo podía llorar, su cuerpo fraguado estaba sin responder a sus órdenes. De pronto, unas pisadas comenzaron a hacer ecos en el espacio, eran tacones los que sonaban a los pasos. Él sintió un miedo inigualable, y un reflejo involuntario asaltó sus ojos en cuanto escuchó un ladrido. Un pedazo de carne cayó a su frente y el animal complaciente fue a comerlo con entusiasmo, era un caniche con sus pelajes enredados y su rostro dulce ensangrentado por los bocados crudos; los latidos de aquel hombre podían ser escuchados por él, cuando los pasos lentos se acercaron sintiendo una presencia que con sus brazos lo cubrió de espalda a pecho, besó su mejilla con una sonrisa muy femenina y una barbilla que raspaba como lija. Acercó sus labios carmín a su oído susurrando terrores y consecuencias, su respiración tibia la sentía en su pelo y una voz gruesa murmuró con la oscuridad de cómplice: “bienvenido a mi cumpleaños”. Mientras una gran mano bajaba por su abdomen.


La dama de los pájaros

     La mujer había sido amarrada a una hoguera, mientras la multitud a su frente gritaba con sed mortal en sus ojos, cientos de bocas apestosas, cariadas y enfermas contaminado el aire con una infamia nacida desde su cosmogonía reproducida herencia de antepasados. Ella, miraba mientras a otros la observaban desnuda, atada, desprotegida e irrespetada por todos aquellos espectadores; jauría de seres cegados por los miedos y las mentiras nacidas de las excusas. Alguien con las mismas características de aquella horda de hambrientos de muertes prendió la paja que los pies de la joven aplastaban, y el fuego creció con el ardor que consumía sus piernas. La mujer gritaba y ellos reían, el dolor de su diferencia, lo tóxico de los discriminadores eran un juego quebrado de traducciones malas, falaces y mediocres sobre designios sobrenaturales. De su pelo comenzaron a surgir pájaros negros de ojos escarlata, que volaron hacia arriba como el humo, en cambio, la humareda se condensaba y no flotaba, crecía a los lados y se expandía mientras que su gris cubría la plaza donde la muerte era un circo de risas y alivios. Todo oscureció en el día, todo se quedó en mutismo, solo se escuchaba arder los últimos vestigios de un cuerpo humano, mientras las aves prietas regresaban, el humo se difuminaba con el viento dejando un escenario de muertes y aves alimentándose de los ojos de los espectadores que acudieron a ver arder la hoguera.


El muñeco

    El camino de sangre corría hasta la envejecida casa de barro y techo de zinc. La luz del día apenas se podía colar entre los agujeros hechos por las ratas que hacían del lugar su nación de abrigo y reproducción. Un silencio constanmente interrumpido era lo que daba vida a lo que Cronos se empeñaba en matar. Atravesando la habitación estaba él, con su imborrable sonrisa infantil, con los ojos fijos y secos, sus zapatos de charol pegajosos y sucios, su cuerpo de madera hinchada por la humedad y los años.

    A sus pies un cadáver parcialmente despellejado aún pululaba el líquido que entre venas solo lo detiene la muerte, y su perfume inundaba completamente el espacio, que casi amaneciendo comenzaba a dibujar las imágenes a punta de luz. Él, corrió a su lugar de descanso con las articulaciones chillando como si se tratase de una macabra sonrisa. Goteando sangre, simulando vacíos donde una abominable vida existía sin encontrar parar de matar.

     Los días pasaron y el olor a putrefacción se expandía. El cuerpo de investigaciones al llegar al lugar encontró un niño degollado, con parte del brazo derecho y el pecho sin piel, con un disfraz de conejo manchado por la reseca sangre al estar expuesta. Y sobre el cadáver, un muñeco vestido de cuero moreteado y cosido de forma caótica, en sus manos de madera apestosa una aguja y un carretel de hilo… en su cara esa expresión vacía, de sonrisas obligadas, de ojos sin retinas y de vida sin sentido.

Autor: Carlos Arturo

2 comentarios:

MariluzGH dijo...

Fantásticos los tres, amigo mío... pero me quedo con el segundo: La dama de los pájaros; está más completo abre y cierra el círculo con maestría

un abrazo, grande para ti solito :)

Caco dijo...

Gracias, querida amiga. Me dedicaré un poco más al género a ver qué logros puedo concretar.

Un abrazo inmenso y cariñoso.

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos