
Oda a la felicidad, nómada que siempre regresa en buena nueva,
La brisa que acaricia el alma en el éxtasis de su droga.
Sueño que se aviva en el post de la dificultad matutina,
Como ladrón llega robando las tristezas,
Alquimista rompe olas, purificadora innata.
Transforma la miseria del silencio en júbilos con brincos agregados.
Oda a la felicidad, que no deja de ser la ingrata que muta todo a su paso,
Se añora cuando recorre otras bocas y menos la mía.
Sinónimo de renacimiento del alma,
Silvestre y recolectora de lo gratos recuerdos,
dormita a lo lejos para darse a valorar.
Oda a la felicidad, que también peca con su nombre alegría,
Se va comiendo por dentro cada tejido pútrido e inservible,
Parturienta de la salud, tan briosa desde lo enfermo.
Casta y manoseada, como el río y sus corrientes,
Tan pura que ya no importa nada más que ella,
Valorando los porqué de su llegada.
Oda a la felicidad, por la conspiración de ella con el mundo,
Por las risas que se estrellan en el viento,
Por su manifiesto hasta en lo intangible de su verbo.
Contradictoria y poco entendida, agua mansa y agua brava.
Copula en mis labios y sáciate de mis lamentos,
Aún hay espacio en mi existencia para tus estigmas,
Juega con mi vida, amalgama las estrías
con tu revolución de impulsos y calambres,
déjame abrazarte por un rato más,
que te cantaré a fuerza de carcajadas.
Autor: Carlos Arturo