lunes, 2 de abril de 2012

Ronda de preguntas



Kattón con las manos frías continuaba su ponencia sobre la clonación de órganos en el auditorio principal de la universidad de Sayes. Las sillas gravitatorias se mantenían suspendidas, signo de que aún le quedaba tiempo para proseguir con su discurso. A más de tres centurias desde la reproducción de Dolly las cosas habían cambiado mucho en la tierra y su sociedad. La polémica clonación actualmente se había convertido en una actividad comercial preponderante, sin embargo nadie hablaba del tópico y él lo sabía, se convirtió sin darse cuenta en un profeta biotecnológico que pregonaba su historia para hacer notar a la gente que era un tema que iba más allá de los pequeños retazos que le había dedicado la historiografía impartida en las escuelas.

Los filtros de aires continuaban encendidos, el convertidor de oxígeno sazonaba los espacios silenciosos con su vibrador sonido. Faltaba media hora para el corte obligatorio matutino de electricidad desde hace 50 años y 15 minutos para que él finiquitase con su discurso. En Sayes, se trataba de reconstruir el espacio natural desde hacía mucho tiempo, una pequeña localidad cerca de las ruinas zulianas de la ciudad de Maracaibo a orillas de un charco pardo que se conoció por mucho tiempo como Lago de Maracaibo.  Ahí la clonación era un tema pertinente, puesto que la proliferación de la fauna comenzó con tubos de ensayos y ADN. Con respecto a la flora, la cosa fue cada vez peor, de apagarse los productores de oxígeno y los purificadores de aire la enfermedad y el caos imperaría en el espacio.

A 10 minutos antes de acabársele el tiempo de ponencia Kattón terminó con los aplausos complacientes de eruditos bostezando y encendiendo los intercomunicadores craneales. Ensimismado con los nervios esperó la ronda de preguntas que tanto temía. Sabía que le preguntarían sobre las nuevas formas de reconstruir los escenarios naturales preocupándole cómo los receptores asumirían sus consideraciones en cuanto a la temática de moda. La naturaleza.

El primer bombillo rojo prendió, y la pregunta se formuló avistándose en la pantalla pegada detrás del jurado. “Frinda Schirptter Adosni, F5 pregunta: ¿Cree usted que entre la clonación y el dispositivo del tiempo puedan cumplirse las metas del siglo con respecto a los escenarios naturales?” Kattón suspiró con los ojos cerrados colocando el proyector en su dedo índice. – hace días vi en la sección biotecnológica de la prensa un artículo de tipo audiovisual que exaltaba la maravilla que es el dispositivo del tiempo. Una interesante reconstrucción de los animales traídos del pasado, de fotos actuales de etnias extintas, flora exótica replantada. Creo que el invento va más allá de lo que pensamos, pero lo han totalizado de intención ecológica con infructuosos hechos, resultados y daños lamentables en los portales usados. Las metas impuestas no tienen sentido, los menoscabos causados al planeta son irreversibles – afirmó el hombre mostrando algunas imágenes encontradas en el ciberespacio.

El bombillo azul se encendió y Kattón comenzó a sudar, ese color significaba una desaprobación de su respuesta. La segunda pregunta apareció en la pantalla “Darktia Falaw Sartú, E6. Argumente su respuesta”, con el corazón acelerado él deseaba que las horas pasasen más rápido, aún faltaban 25 minutos para el corte de electricidad. Colocó sus manos en el bolsillo y movió su cabeza como si en el cuello tuviese toda la tensión. Explicó: “¿Sabían que se han estado traficando niños con el dispositivo? O ¿Tienen conocimiento de toda la clase de criaturas que venden en el mercado negro? Se supone que la humanidad ha superado toda una gama de malas entrañas en los últimos 2 siglos… bueno, eso dicen las noticias. Vivimos en una localidad nueva junto a ruinas y un charco que antes era un lago. La clonación no ayuda en la reproducción de la fauna simplemente porque los animales extintos no están adaptados a las actuales condiciones climáticas y espaciales, los árboles ya no son capaces de realizar la fotosíntesis sin ayuda. ¿De qué sirve clonar algo que igual morirá? Nos hemos convertido en dioses infames que disfrutan de la muerte en sus ensayos-errores.

La máquina del tiempo supuso una alternativa que fracasó, al principio se intentó traer gente y animales alterando significativamente la historia, hubo un momento en el que las naranjas se volvieron azuladas gracias a un tonto que tocó un árbol con el químico de mutaciones frutales. Luego, nos encontramos con pinturas de colegas en los murales de las ciudades y hombres relatando historias sobre naves espaciales y todo lo que hoy tenemos. Toda especie que se trae a este plano muere porque sus pulmones no soportan la carencia de oxígeno a la que ya nosotros nos hemos acostumbrado. Convivimos bajo una bola de cristal, con lo indispensable para vivir;  ya todo casi se acaba. Con una tasa de 20 niños cada 10 años y una mortalidad de 5 cada 30. Nuestro entorno no es apto para la reconstrucción natural. La Amazonia cada vez más se reduce, la serranía de Perijá es más parda que verdosa, los perros y gatos deben vivir con tanques de oxígeno adecuados para ellos, y pare de contar… la clonación solo sirve para reproducir órganos necesarios para la vida de los que están y el dispositivo del tiempo para fines científicos, no perversos y contrabandistas. La respuesta de la naturaleza está en conservar y luchar por lo que hay no agregar más muertes al Hades”

El auditorio en silencio permaneció mientras el joven activista esperaba la tercera pregunta con la luz del bombillo amarillo y la desaprobación de su discurso para obtener su licenciatura en ciencias sociales. Un espacio de tiempo rellenó el silencio, él no podía más que mirar a su alrededor y divisar a toda esa gente pedante que no hacían más que murmurar y verse los unos a los otros.

El bombillo rojo encendió de nuevo apareciendo en la pantalla: “Freidman Rodez Faroun, C5, pregunta: ¿Qué prejuicios cree usted que se mantengan en cuanto a la clonación? Kattón sonrió y exhaló el aire amargo del lugar – Los prejuicios quedaron bajo los escombros de las bases religiosas de hace siglo y medio, actualmente hay un libertinaje desmedido en cuanto al tema de la clonación. Nadie habla de ello porque es una costura profunda en la sociedad contemporánea. Es como el SIDA que carece de impacto social, pero hace tiempo temblaban con tan solo nombrarlo – puntualizó mientras pasaba su mano derecha por su cabello.

El tiempo de las preguntas finalizó mientras Kattón recibió instrucciones de esperar el veredicto en cuanto su ponencia. Aún asustado abandonó el auditorio encendiendo el intercomunicador craneal. Leyó algunos e-mails de su familia en Rosas blancas y llamó a su mejor amigo notificándole que pasaría la grabación de la ronda de preguntas en un instante. Se sentó a las afueras de la universidad y respiró aliviado. De pronto cuando hubo el corte de electricidad todo se envolvió en un denso silencio mientras los hombres y mujeres caían en un profundo sueño. La transferencia se canceló, Kattón había olvidado esos 5 minutos antes que ellos también andaban con impulsos eléctricos y que en esas dos horas de suspensión se recargaba la batería solar puesta en las uñas de sus extremidades principales.  

Autor: Carlos Arturo

lunes, 19 de marzo de 2012

Vos; ...Yo.


Tu permanencia es un cadáver a flote,
rehusado a podrirse a través de las marchas temporales.
Hay secretos mal heridos,
con chispas camufladas en tanta luz,
una disyuntiva de anhelos y desprecios
en la estación que irrespeta la estabilidad.

Fui, 
aprendiz de guardar esperanzas como chatarra,
con disponibilidad de pecar
A ritmos de peticiones.
Principiante eterno de las manos frías,
sazonadas con la mirada en los años de secundaria
desabrida por el hoy curvo de un sinsentido dialéctico. 

Yo,
Asimilé desconocer tus marchas sin sentirme mal,
a masticar con dolor de muelas,
esa existencia de chicle
que aún vieja cuesta escupir.
Redundando en escribir lo que sobra…
Lo que falta.

Vos,
Que simuláis una ruta en lo perdido,
derrochando tu facilidad de abandonar importancias,
explorando tu capacidad de arrastrar sin mirar atrás.
Cortando los retoños con un haz de gestos intraducibles.
Caminando en altibajos con manos sudadas de compañías sosas.

Nunca entendí el olvido en la práctica,
por ir siempre a pasos dispares
alcanzando la meta de la indolencia,
y apenas voy brincando algunas llantas.
Echándome tiempo en las llagas pa’ que no duelan.
Lamiéndolas de vez en mes pa’ que no se inflamen más.

Perder el tiempo,
paradoja que sabe a juego
incluida en mi currículo para castings.
Sonriendo a reflexiones personales con dientes cariados
¿o es lo que dicta la experiencia con razón a tajos?

Vos,
con velocidad admirable en tus procesos
fumando buenos puros de mutismos y reservas
apretando el cinturón maltratándote constantemente.
Yo, veo en esas fracturas claves mal codificadas
a pesar de tu sonrisa fresca, a pesar de tus cariños ajenos.
Saboreo melancolías húmedas en tus córneas
que me siguen trastocando en los imperios de Nix.

Ocasionalmente se dibujan frustraciones parecidas a las tuyas,
de repente es un delirio de presupuesto considerable.
Revoltijos que terminan en tus dedos
o quizás en las representaciones.

Vos, en tu maratón extrema
que siempre me deja desconociéndote
Yo, que me pierdo en nuevos horizontes,
aunque más de una vez he soplado un café frío.
No dejo de mirar esa ventana,
con un mundo que va más allá del tuyo.
Si el vidrio te refleja súbitamente,
la abro, para no respirar tanta contaminación.

Autor: Carlos Arturo

domingo, 11 de marzo de 2012

Lluvia en Villa del Rosario.



     El horizonte del pueblo comenzó a nublarse, de pronto una vista gris de sombra amplia se acomodó en una porción de la Tierra de gracia. Los perfumes de la sierra de Perijá se expanden con el viento medianamente húmedo, noticiero al olfato y tacto del aguacero que se avecina. En la Villa del Rosario, la lluvia se asocia profundamente a imaginarios melancólicos o temerosos al son de una fotografía vivencial significada por la realidad de los delirios sobre la tangencia y la sustancia en lo desterrado de lo real del pensamiento.

     Un cielo taciturno para una sociedad obstinada, en constante guerra con la postmodernidad y demás periodos degradados aferrados a los cráneos de los villanos de Perijá.  Diacrónicos que rinden culto a la vida con la tristeza que les despierta el caer de las gotas.

     De pronto, hay un ritmo de natura pura sobre las superficies. Música de viva estampa que densa el clima y refresca las insoladas carreteras del pueblo a las cercanas faldas de la inexplorada dama perijanera. Un monte Olimpo despoblado de dioses, montaña desfigurada que alberga formas de vidas alternativas sobre esa piel de Adán a medio hacer, paraíso del Edén que aún violento sigue siendo profanado y herido en la búsqueda de las riquezas brutas para ignorantes. Décadas pasadas, se le podía ver en su imponencia inmovible desde la Villa, hoy es un trabajo duro que termina con tortícolis y cansancio.

    Llueve en Perijá, tierra que cuenta con menos de tres centurias. El agua que derraman las nubes humedecen las viejas casas de barro e intensifican los colores modernos de viviendas coloniales que nadie asocia a sus orígenes. Las vacas en la plaza Bolívar ni se inmutan al reventar las gotas sobre sus cueros, los canes de la calle con la piel salmón y rojiza de la sarna corren despavoridos a no empeorar su condición insalubre. La gente se queda callada sin más que pensar en Cronos crucificado a sus relojes, consumiendo oxígeno con un cigarro o café de aderezo. Hay quienes adoran a Juyá (Dios wayuu de la lluvia) caminando, corriendo o bailando bajo el espectáculo.

    En la plaza de las madres, mamá Pancha protege a un crío de los factores climáticos desde su pedestal. Desnuda, calva y  sin ojos, con la piel dorada, mirando lo desértica de su fuente, matizada con un moribundo limo. No muy lejos, la virgen del Rosario con la piel cuarteada da la bienvenida a los indiferentes pasajeros del tiempo y el espacio, reflejando en la lluvia alegría por la cercana oxidación que le espera. Aguacero refresca la desidia y consume los vapores porque el incendio nunca ha sido extinto.  

Sin embargo, llueve y no huele más que a nostalgia, reacción instantánea de los imaginarios ancestrales. A lo alto un sol perdido en el panorama buscando colarse entre las densas, nebulosas y opacas nubes. Abajo, todo se vuelve más pesado mas despejado con representaciones imaginarias lánguidas de la viveza de colores.

    Hay musas húmedas que apoyan sus muslos sobre los hombros de algunos mortales, peinando pensamientos con rulos de influencia helena. Rondan espectros ambiguos charlando cerca de los oídos desviando la mirada al abismo de la introspección. Cúpidos  con olor a tierra mojada jugando tiro al blanco en la soledad, también hay quimeras que piden pausa a los ojos abiertos.

     Mientras llueve a cántaros la paz se asoma y estira sus articulaciones. Casi todos se sientan a dejar pasar el concierto de la vida. Una analogía natural de la esperanza cíclica, relajante, temeraria, alocada, irreverente a las percepciones de un colectivo social en el espacio, pero siempre poderosa y fría. Llueve, porque todas las presencias teístas insisten en apagar el incendio, no ese de hace 138 años propiciado por caudillos de la época, sino por el del principio del planeta, por esa necesidad materna de crear barro para nuevos modelos de humanos, por calmar la sed de los pulmones del mundo y por refrescar pensamientos encadenados y con insolación inclemente, culpa de sus opresores.  

Comparto una selección de fotografías de la Villa del Rosario:



 "Iglesia principal de la localidad"

 "Monumento a mamá Pancha"


"Monumento a la Virgen del Rosario"

"Vista muy parcial de la Sierra de Perijá"

Imágenes obtenidas de:

Autor: Carlos Arturo

lunes, 5 de marzo de 2012

Perspectiva humana



La razón, piel de la condición humana.
Suburbios de imaginarios apilados en el espacio-tiempo
entre teorías que se relacionan violentamente.
Desgarrando lo real en una realidad,
Cordura, locura…
¿Acaso ambas no son un delirio?

Los espectros de su huella, historia,
en las fronteras propias de su creación subjetiva.
Abismos de un progreso lioso.
Cronos enclaustrado en los relojes
de sus paradojas y epistemes  
jugando en la edición del paisaje
¿Acaso dioses mortales y confundidos?

Imágenes opuestas en los espejos culturales.
los bípedos, un misterio de prueba-error
máquinas orgánicas vanidosas
empeñadas en salirse de los sistemas naturales,
trasformadores de la energía mortífera
¿Cuándo murió la voluntad para la consciencia?

La extinción tiene su perfume. 
La belleza es cuestión cultural,
Un fantasma atormentado por la complacencia.
La libertad demasiado encadenada,
Paradigmas de la condición
el Yo y los demás que buscan su cause,
en porciones cerámicas de una historia incompleta
Transigencia inestable de una definición dinámica
Doctrinas filosóficas que apenas son fachadas,
del humano bajo su piel
Un escueto ser que no termina de entenderse.

Autor: Carlos Arturo

lunes, 27 de febrero de 2012

Café recalentado




  Con la alborada la casa se inunda de un fuerte olor proveniente del café hirviendo. El amén de la rutina hace ya unas décadas, sin embargo, a veces no hay con qué endulzarlo, mas al viejo Gabriel nunca le falta la cafeína en el organismo. De entrada a su despoblado hogar hay una fotografía sepia en un portarretrato de marco metálico, es de los pocos recuerdos tangentes de su juventud… años en los que el amargo café cerrero casi es un equivalente de sus experiencias en la guerra, en ocasiones éstas se tornan ferrosas al paladar de la psiquis.

   Hace algún tiempo prepara poción milagrosa suficiente para visitas, que recalienta al momento de enfriarse por el abandono en el viento de un espacio armado de relaciones antagónicas producto de sus “yo” conviviendo en el lugar. Lo echa en las respectivas tazas de cristal compradas en supermercados. Con los dolores seniles del cuerpo y de la conciencia, siempre de bóxers holgados sin erecciones que los estiren se acerca a mirar por la ventana medio abriendo la persiana. Desde el otro lado se pueden avistar sus ojos taciturnos, esos que cansados son bordeados  por  unas patas de gallos incrustadas en esa piel animal zurcida hace ochenta y tantos ciclos absortos y reflexivos.  Los hilos se han ido soltando en el pecho, destiñendo lo negro con el platinado de los individuos clasificados en la tercera edad.

   Solo, es Gabriel viviendo con sus cicatrices dérmicas y existenciales, luchando contra la pérdida de sus sentidos y la ganancia de los años que cada vez más se asientan en la joroba que presiona la voluntad con la desidia. Es él, rendido ante sus recuerdos con martillos que clavan estacas en sus manos, cráneo, pecho y días con un ya no importa que al final de la jornada diaria es material significativo para no conciliar contrato con Morfeo.

   Lo primero que se asoma por la puerta del cuarto en las mañanas es la panza del viejo, que camina como si el piso tuviese vidrios rotos, con la cara casi dibujando espectros de expresiones vulgares que comúnmente termina tragándose. Y aunque vive solo pretende convivencia con el vacío y la ausencia de otros individuos en el hogar. El café es su desayuno; lo prepara en la arcaica olla apachurrada, dejando hervir el agua para posteriormente agregar tres cucharas colmadas de café molido con los fantasmas de la noche anterior, revolviendo para acelerar la disolución  y dejando que la humareda débil deje rastros marcados en el olfato de nadie.

   Sobre la mesa para seis pone en el centro su termo de café, con dos pocillos servidos con el amarronado líquido hasta la mitad de éstos, dejándolos reposar un poco mientras se viste para tapar todos los descosidos y remendados de sus años. Ingiriendo cafeína va anestesiando algunas ansiedades, soplando y sorbiendo con paciencia la pócima de las maravillas, a la par que la otra ración se enfría sin boca que la consuma.

   Gabriel constantemente recalienta el café vertido en la taza hasta el otro día que lo bota por el desagüe, sirviendo como de costumbre una nueva preparación fresca. Él paciente espera por ella sin mucho trapo elegante. Sabe que pronto vendrán en su búsqueda, aguardando con la esperanza renovada. Educado y afectado por la incidencia de la soledad a toda visita procura hacer sentir una bienvenida calurosa, más si es su invitada especial con confirmación desde entonces. La mira como a una dama con vestido negro, embelleciendo a la intangible  muerte, ella sin pudor llegará sin tocar puertas ni anuncios previos; el viejo hace bastante anhela el turno para su llegada, con el afán de filosofar con ella sobre la existencia, el mito y las verdades, sobre su retraso inoportuno y su molestia por tanta ingratitud.


   No obstante, la muerte es una sanguijuela que chupa vida, una entidad acomodada entre ambigüedades con crédito infinito a la imaginación. Poco le interesa lo que haga el hombre para agradarle, mucho menos sus reproches. Sorda, afónica, ciega y amputada de entendimiento obedece a sus instintos básicos de absorber los delirios y la vida, a la sazón que Gabriel la reconstruye y la consiente con lo mejor que sabe hacer, café que además siempre está caliente.



Autor: Carlos Arturo

lunes, 20 de febrero de 2012

Cartografiando esencias



A Kathe...
Al norte del occidente se broncea su piel,
especie fémina bronceada por incertidumbres en alturas
cuyo entorno xerófilo zurce sombras en sus pies.
Espacio-tiempo su escenario para actuar la vida.

Dinámicas largas y encorvadas como sus pestañas,
en el río que fluye temporalmente entre diástoles y sístoles.
Las murallas difuminan su infinito de Dalí a calibre y lienzos
dentro de la cosmogonía cultural inquieta que le tocó reproducir.    

Hay misterios prietos al estilo de sus ojos,
que por detrás acarician sus verdades y mentiras;
córneas que aprenden a mirar lo intangible
cual viento cargado de gamas coloridas.

Sus caderas se contornean a un cercano éxito,
en la dinamita propicia de su ser.
Muchos buscan sus lagunas filosóficas,
ella se baña en los rumores y preconceptos.
Nociones de las otras miradas;
Lunas infladas de sus melancolías
Que recicladas... pronto serán girasoles
entre sus dientes desnudos.

Autor: Carlos Arturo

jueves, 9 de febrero de 2012

Eva la milenaria


    
    Eva vestida de blanco siempre está lista para relatar su historia luego del exilio del huerto del Edén. Su aspecto es el de una mujer cuarentona, bastante maltratada por los años, con el cabello despeinado, la piel manchada y llena de cicatrices – ¿Quién me regala un cigarro?- pregunta, con voz quebrada y ronca, mientras que con sus dedos peina a los lados el pelo que se posa en su cara.

   En tono altanero aclara que su edad no la sabe; prefiere llamarse la dama milenaria reaccionando al instante con una sonrisa disimulada. Sus uñas están largas, con ellas se empeña en quitarse una costra en la rodilla mientras espera todas las interrogantes de cómo han sido sus días en todos los años que ha vagado por el mundo; observando las manos aspira un gran sorbo de oxígeno simulando cansancio disponiéndose a contar eso de vivir, morir y existir tantas veces.

     -Lo peor de vivir es no poder morir; sentir las enfermedades, la agonía, la tortura de todos esos malditos que en algún momento me condenaron. Estoy cansada de perecer y revivir. Cuando el altísimo pensó en un castigo supo que en mi condición ese sería el mejor- cuenta Eva con ojos sollozos y voz entristecida.

     Cuando Caín mató a Abel, no supo cómo reaccionar ante el influjo de nuevas emociones que se abalanzaban en contra. Su primer enfrentamiento con la muerte la sumió en un estado que la llevó a la enfermedad. Se golpeaba a sí misma ahogada en una frustración que la hacía sentir apretada en su interior, angustias que no sabía definir para entonces. Su cabeza estaba vacía del Hacedor, solo era la voz de su interior que ignorante como ella le daba la voluntad de reaccionar como primero viniera en mente -¿Sentido común; Qué mierda significaba eso en mis tiempos? No se tenía noción de tantas descripciones que hoy hay de las emociones. Saber lo real actualmente, es igual a dejarse seducir y morder el fruto prohibido. Solo que las cosas cambian, la serpiente actualmente es eso que ahora se le dice ego -.

     Intentó mil formas de morir y en todas se sentía aún más vacía que la anterior. Sus espectros mentales ahora suplían ausencias de las órdenes cándidas de su creador, junto a un Adán vanidoso que le molestaba tener que compartirla con sus hijos. La reproducción siempre fue un reto; dar a luz nunca dolió tanto como la muerte de Abel, siendo los dolores diferentes pero comparables en magnitudes. Cansada del alumbramiento recorrió la tierra entre el Tigris y el Éufrates, aunque ella accedió al conocimiento del dualismo, nunca entendió por qué de ser ellos los únicos habían más criaturas con su mismo diseño.

     Ella necesitaba una señal de algún lado, hundida en un  nihilismo abstracto que le despertaba curiosidades y desesperación. Tantos soles y lunas habían recorrido eso que se avistaba al mirar arriba. Gritaba a ese que los volvió carne, verbo y vida, con un halo de pestilencia y mugre que las aguas no diluían. En el sol sintió que estaban sus respuestas, las flores se alegraban de su llegada, el firmamento le dedicaba bellezas a su imponente aparición; Eva se declaró hija del astro solar, renaciendo del barro y el limo acumulado a orillas de los ríos gemelos.

    En los años de soledad y de nuevo renacer, ignoraba el sistema de símbolos que se escribían sobre arcilla; pintaba sobre arena lo que el viento y los pasos borraban. Era adorada como Nin-ti por los hombres sumerios que comenzaron a entablar la sociedad que implicaciones ha tenido en la actualidad. Como “diosa” habitaba en las más esplendorosas construcciones de los hombres con los cuales copuló.  Mató a todas sus hijas hembras sintiendo a retazos inmensos aquello que en siglos anteriores experimentó por su bebé. Su pequeño Abel. Imaginaba que serían como ella; desdichada criatura atascada en la Tierra, pisando la arena, pudriéndose y arrepintiéndose de aquella tontería que cometió en el paraíso.

    Con la llegada de los dragones de las montañas fue violada y desmembrada, mujer sin resistencia a la muerte, resignada a perderse en los misterios al otro lado de la vida.  Inútil intento doloroso que terminaba reviviendo en otro cuerpo con la frustración de no querer hacerlo más. La piedra filosa, las flechas, el filo del hierro atravesando sus carnes es lo que actualmente más recuerda. Describiendo a detalles cada muerte y resucitación en otras carnes.

     Eva fue la loba que amantó a los reyes de un gran imperio del que ella fue súbdita, también yació consumida entre volcanes pompeyanos. Fue la bruja inmortal a la que quemaron, retomando una forma diferente en un cuerpo recién abandonado. La hereje incrédula de la palabra manipulada de Dios. La plebe de dientes cariados moribunda por la peste, la colonizadora del paraíso de un occidente diferente al suyo. Fue la puta estriada asesinada despiadadamente por Jack el destripador; la esquizofrénica, la loca y la de miles de nombres.

    Hoy cuenta su historia sedada y con la vista gacha. Su nombre de nacimiento es Evelinda López, internada hace 13 años por el asesinato de su hija recién nacida. Siempre culmina su relato en una lengua ajena al castellano con la que se desenvuelve naturalmente. Se niega a hablar de Adán y de Caín, y asume que de todos los dioses que ha conocido prefiere a los inventados por ella. 

Autor: Carlos Arturo

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos