miércoles, 10 de octubre de 2012
Mientras papá duerme
lunes, 27 de febrero de 2012
Café recalentado
jueves, 24 de noviembre de 2011
Corazón de piedra
domingo, 6 de noviembre de 2011
El confidente
lunes, 19 de septiembre de 2011
La madre sustituta
domingo, 19 de junio de 2011
Los ojos malvados del malecón
sábado, 9 de abril de 2011
Lo juro por las Gracias

viernes, 3 de diciembre de 2010
Róbame

domingo, 9 de mayo de 2010
Memorias de una vida
Ella nació un 14 de diciembre de 1950, entre el parto arcaico, con el olor de la Sierra colombiana. Su niñez, perfumada entre cambures y café, con la arena de zapatos y la inocencia en las pupilas. La tercera de 08 hermanos más, una escalera de humanos para el juego, para el cuidado.
No cabía la tristeza entre tanta carencia, durmiendo entre cartones como colchón, ignorando el materialismo que en aquellos arrabales se codiciaba.
Su crecimiento olía a verdes hojas que le impregnaban los ríos, su madurez fue llegando a medida de sus travesuras, ella ignoraba lo catastrófico de 1939/1945, su padre jamás le habló del por qué llegó hasta Suramérica. Su madre fue quien entre tratos secos le enseñó que el cariño era posible.
Cuando sus 15 llegaron toda la familia había recorrido parte de Colombia, buscando la estabilidad que no les era posible, pero ella anhelaba volver a las montañas profanadas por su existencia, cuando el destierro la llevó a Venezuela. Desde entonces comenzó su lucha por la constancia, de los hogares despoblados, no quería hacer de éste uno más. Hoy día la Villa del Rosario sigue siendo el ambiente constante de su historia.
Adoptó y parió… entre un matrimonio que no le brindo el sueño de ser feliz, cuando abrió los ojos se dio cuenta de su independencia, cociendo zapatos, fue asumiendo su amor al zurcido, comenzando por remendar lo que años anteriores de compromisos le habían destajados. No dejó una sola pieza que no volviera a su lugar, y con tan sólo saber escribir y leer se lanzó al mundo de la alta costura, dejando atrás aquel momento en que se pintaba como una enfermera.
El amor la visitó una vez más, ella dejó atrás las quimeras de las promesas, alzando la bandera a una nueva experiencia. Adonais se llamaba él, forjaron un nuevo hogar, ella, sus hijos y el nuevo inquilino en esa vida. Cuando en septiembre del 94 la muerte sorprendió a aquel hombre.
Como viuda lloró vestida en claroscuros, crió a su tercer hijo generando capital a partir de la costura. Desde entonces esa ha sido su vida, dedicando tiempos que ya no merece gastar, con la cara cortada por el tiempo y el plateado entre la raíz que anuncia su experiencia a seis décadas de existencia.
Ella es sinónimo de trabajo, vida, alegría, orgullo, amor, guerras, supervivencia, maternidad, humanidad y tantas cosas más. Su nombre es Doris de naturaleza comprensiva, hembra de parto, hembra poderosa y tierna de manos nobles. Ella es mi madre, me bautizó como Carlos Arturo, yo soy el tercero de esos tres hijos, quien ha dicho más veces “Mami” antes que cualquier otra palabra, que no se desgasta, no se fractura, no vence, ni consume. Ella es la señora que ha dado frente a mis miedos y me espanta los fantasmas con su abrazo.
“Mamí, sonríe que aún hay motivos para seguir entrelazados”
Carlos Arturo
jueves, 18 de febrero de 2010
Quién sabe mañana
El cielo aún llora las catástrofes del ayer, mientras que la humanidad continúa con la cotidianidad del olvido.
La tierra ha probado el verte de la sangre, y los ríos en sus corrientes arrastran evidencias y las rematan la distracción.
Algunos lloran por los caídos, otros ríen por el mutismo.
La violencia grita para nosotros correr con fragmentos de ella en los ojos, en los puños, en las armas.
Nuestros niños y niñas crecen en el círculo vicioso de la venganza, con la educación escaza de los verdaderos principios, pero no de aquellas falsas morales que a larga todos rompemos. Aquellos que no saben leer, son grandes fulminantes con sus artillerías pesadas.
El paraíso prometido cada vez es más distante, y la espera del anticristo ha sido tonta, ha estado fusionado entre las masas, y no en individual como esperamos, aquellos que le han adjudicado ese nombre son solo la consecuencia de la muchedumbre, los resentimientos y el odio forjado como soldado de las malas nuevas.
Pocos anhelamos que un viento de cambio del bueno rompa con las murallas altas de nuestro retraso mental.
Porque es injusto ver como las moscas danzan y deponen a sus proles en las carnes muertas de personas con derecho a la vida, es torcido acabar con animales por diversión y egoísmo.
Una canción, un texto, una palabra y una existencia nos recuerdan que la esperanza no está del todo rota.
Quizás, nos falten abrazos, tal vez, romper con fronteras, posiblemente consciencia, de seguro amor al prójimo.
La verdadera guerra es la disminución significativa a la hambruna mundial, hacer de la pobreza una renuncia, el exterminio a la discriminación, quemar hasta las cenizas el egoísmo y sacar a velocidad el poco respeto a la vida.
Quién sabe qué pase mañana, yo sigo esperando lo mejor, a costa de que el humano lleve la violencia en las entrañas, siempre hay una razón para ver la luz en la penumbra, siempre hay una razón para reír con el amor en los dientes.
Autor: Carlos Arturo









