lunes, 16 de enero de 2012

Ella


Este intento de poema fue escrito para el epígrafe de mi Trabajo de Grado, a petición de unas cuantas personas lo coloqué en el impreso definitivo. Uno de los jurados lo alabó dejándome el agrado de la experiencia y unos cuantos logros en la casa de estudios en la que me he estado formando. Se los dejo con el agrado de leer sus opiniones. Buena semana y Carpe Diem:


Ella, producto de “dioses” confundidos,
fruto copulaciones entre penumbra y luz.
Recreó realidades con sabor a vapores y sales de platas,
expuso contextos con albumina y mercurio.
Vestida con la apabullante prenda de la física y la química,
quimérica huella que se plasma sobre cristales, placas y papeles.
Ella, es solo el medio… su figura es el detonante.

Ella, es cómplice de sus resultados,
del reflejo de los rostros y lugares erosionados por Cronos.
Monta un teatro de realidades contradictorias;
es lo que vos queráis, es lo que vos sintáis.
La epopeya de la juventud eterna,
la máquina del tiempo de un solo destino.
Esencias y tendencias que la memoria empolva.

Ella, telaraña de intenciones,
red de memorias en declive
molde en negativo, que se positivan cíclicamente.
Almacenada en los hoy de los ayeres,
paisaje de viajes instantáneos.
La placentera labradora de eternidades… que se deterioran.

Ella, la deidad a la que nadie reza y a todos sirve.
Tan humanizada y tan mitológica,
tan bidimensional como profunda.
Del olvido trae las memorias,
del Hades los extintos.
Se remonta a un occidente que se vuelve oriente,
expandiéndose con revoluciones impulsadas por carbón.

Ella, cada vez más desenvuelta en la sociedad,
Evolucionada pudiente
cada vez más meretriz,
conquistando el mundo con sus mañas de parar el tiempo,
encantándolo con sus ambigüedades desnudas,
dueña significativa de ayeres justos y ajenos para el recuerdo.

Ella, eterna joven de casi dos siglos,
La biónica recreadora de poses clásicas,
La científica, la artista, la periodista y la publicitaria.
La muda, la insípida y la mitómana,
asoma aquello que es, fue, ya no está o ya no es.
Poderosa deshiladora de razones y sentires,
complaciente en las formas de ser una pieza que perdura en el tiempo.
Ella es la fotografía, de todos y de uno.

Autor: Carlos Arturo

jueves, 5 de enero de 2012

Cena de aniversario



    La casa estaba inundada del olor a estofado que Martha tenía sobre el fogón. Ella con su pierna cruzada repasaba con detenimiento la receta en el viejo libro de cocina de su abuelita María; en su mano derecha sostenía un vaso plástico lleno de aguardiente que a sorbos lo consumía arrugando la cara y estremeciendo hasta los hombros, al son de ir manchándolo con su labial bermellón favorito.

     Sobre la mesa de la cocina descansaban sus zapatos altos de charol, relucientes y atrevidos, compañeros de sus rutinas de ama de casa junto al polvo y algunas telarañas que se escapaban en algún descuido del aseo matutino. La mujer estaba sonriente, con el pulso acelerado por la emoción; ansiosa por saborear la suculenta cena que se guisaba sobre su vieja cocinilla beige. Danzarina se paseaba de la sala a la cocina con el plumero, con una escoba, con un trapo húmedo y sus uñas pintadas al estilo francés, dejando lo que tuviese en manos, para lavarlas y tomar algún tenedor puyando y probando cuánta blandura había alcanzado la carne, también tomaba una cuchara y degustaba el jugo que se cocía, adoptando en el rostro un gesto picarón de aprobación, mirando al techo salpicado recientemente, con los ojos casi perdidos en sus parpados adornados de unas gruesas y negras pestañas. Brincaba aplaudiendo y tarareando “at last” de Etta James.

    Martha vestía con un gusto exquisito, producto de años en los que residió en París, con un peinado muy apropiado a su estilo, inspirado en actrices de cine. Lo único que desentonaba con su muy elaborada estética era un delantal lleno de secreciones causadas por la deliciosa comida que se concretaba sobre el fogón y un desastre en la cocina –Nunca es fácil degollar animales grandes – pensó ella pasando una servilleta delicadamente sobre su frente acomodando la mano en su cintura, aferrada luego a un extremo de su pelvis forrada de piel cuarentona rejuvenecida a punta de obsesiones.

  Aún esperando, ella se liberó el cabello de sujetadores  peinándolo con sus finos dedos y llevándolo a un lado de su hombro delgado revestido por una blusa estampada entre rosa y blanco. A Martha le magnetizaba tener cuarenta, pero parecer de treinta, jactándose de sus elaboradas rutinas embellecedoras al despertar y al irse a dormir. Le encantaba sonreír porque así escapaba de sus manchas del pasado, sonreía a carcajadas porque su cuerpo burlaba al tiempo, dando vueltas con su hermosa falda de plises negra que se abría simulando un paraguas contra la lluvia ácida de algunos recuerdos, porque sus senos aún no descansaban manteniéndose firmes cual militar. 

   Ese día era diferente, y dejó más flojo su corsé entallándose en un caro vestido de terciopelo negro con encajes blancos. Se hizo un moño, pero decidida se soltó su perlada cabellera agitándola fuerte para luego arrancar con una pinza algunas canas que el espejo le mostraba. Adornó sus orejas y cuello con las prendas de su primer marido fallecido hace algún tiempo, pintó su boca y mejillas con el estuche de maquillaje dado por su segundo esposo desaparecido hacía algunos años; coqueteando con su reflejo, le dio la espalda para dirigirse al comedor alumbrado por velas y candelabros de plata. En la cocina esperaban sus zapatos favoritos, regalo de su tercer esposo muerto en un accidente sobre un caballo hace 4 veranos.

    Lista la experimentada mujer se colocó de nuevo el delantal para servir la cena, entusiasmada por la velada, estrenando platos de cerámica supervalorada regalo de Guillermo su reciente marido. Puso dos platos sobre la mesa del comedor, con el estofado en el medio, unas copas de vino de la mejor cosecha de hace dos décadas. Sola se sentó a cenar sin importar la ausencia de su esposo, llevando el tenedor lleno de esa exquisitez a su boca, cerrando los ojos al placer indescriptible de la blanda carne al paladar, absorbiendo oxigeno al ritmo de la expansión de su pecho. Aún humeaba la cena, que seguro más de un vecino quería probar, que más de un hombre quería compartir con ella. Mentalizó eso mientras daba las últimas masticadas a su obra de arte culinaria, cuidando no ensuciar sus guantes de raso.

   Al devorar lo que había en el plato con gestos orgásmicos, decidió recoger la ropa sucia de su esposo tirada en el cuarto, con su mala costumbre de revisar los bolsillos encontrando siempre algo, esta vez un cigarrillo. Se lo puso en el pliegue de la oreja dirigiéndose a guardar el estofado para ahorrarse hacer el almuerzo al día siguiente.  Al abrir la nevera cayó un brazo descuartizado, metió donde pudo el estofado cuidando no dejar caer otro pedazo de cuerpo en el piso. Con un poco de irritación se arrodilló para limpiar el piso  –siempre tienes que arruinarlo todo, Guillermo- gritó al acabar, acomodando su vestido.  

   Martha tan elegante se fue hasta la sala y encendió la televisión, prendiendo el primer cigarro que se fumaría en su vida. Se sentó en la mecedora aspirándolo como una experta para luego toser por la inexperiencia, corriendo así las horas, meciéndose, fumando y esperando digerir el corazón en salsa de su cuarto esposo.  

Autor: Carlos Arturo 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Te vas



Te vas,
como eso temporal
arrastrando tapices envejecidos,
desempolvando un conteo más a estrenar.

Te vas,
como la hebra en la tela,
limitando tus alcances al archivo del homo sapiens,
flotando en realidades alternas experimentales.

Te vas,
como una referencia de muchas al pasado.
El presente que de a poco te da la vuelta;
el futuro que se vuelve un septiembre de ayer.

Te vas,
como ladrón que remolca experiencias a otros mundos,
un abrazo de texturas a la gente,
un boleto justo en las agujas del cuenta tiempo.

Te vas,
con unas tantas semillas sin germinar.
Tierra heterogénea y compacta en sus bordes;
fronteras del país de la “realidad”.

Te quedas,
con un tumulto de estampas y sabores.
Como la forma de relamerse un ciclo.
Nido de movidas que se comen los tejos.

Renaces,
con una excusa renovada;
Tramitando malabares estelares,
dominado por los dogmas y libertades individuales.

Te vas,
y creemos que es cierto.
Paradojas de Cronos,
hijo de la creación alternativa.

Bienvenido,
alójate en el almanaque.
Reverdece contratos con las promesas,
ubica la rutina de los siglos.
Aunque las cuentas no den….

Aquí, allá o ahí tus faces tienen mucho qué decir. 


¡Feliz año 2012!

Autor: Carlos Arturo

jueves, 24 de noviembre de 2011

Corazón de piedra

    Esta publicación fue escrita en el 2003, cuando la existencia se me hacía aún más complicada entre hormonas desatadas, intensidades y el constante redescubrimiento del yo y de los demás. Cuando por inocencia culpaba al corazón de todos los actos. Para celebrar mi entrada número 100, se las dejo:


    Se habían cumplido tres días desde que se fue en su animal mecánico en busca de ilusiones y sueños inalcanzables. Se fue y me convenció con baratijas psicológicas que su voz solo susurraban en mi oído; guardó en sus bolsillos falsas sonrisas preparadas con ingredientes místicos para cualquier ocasión, llevaba en las maletas historias sorprendentes y conmovedoras; la hipocresía es un tumor que expulsa infección por sus poros y esa esencia apesta, solo es un retrato mal montado.

    Un teatro, eres... seres fraudulentos en un mundo donde eres tú lo mejor; la vida a ti no se te acaba ahí donde la muerte es un laberinto pasional. Sueños que generan alimento a tu ego.

    Sus ojos estaban llenos de avaricia, ese aliento de ambiciones, sus oídos solo escuchan lo que el dinero canta. En sus ojos solo ven el grito de mil almas con las que se identifica. Su boca, habla cosas que le interesan. Un cuerpo a molde del egoísmo, entre pecados como zapatos llenos de barro. 

     El mundo para ti es lo que nunca podrás comprar y eso hace que hiervan tus neuronas. En tus delirios no hay llantos que no sean fingidos, y yo, aquí ahogándome en un mar de lágrimas saladas por vos, por ese corazón de piedra. 

Autor: Carlos Arturo

lunes, 21 de noviembre de 2011

Insomnio


El silencio reina en su concierto,
a un sentido de la vista que pierde perspectivas
en una intensa sombra relamida de madrugada.
Oscuridad plena que prende las memorias,
entre cuatro esquinas que se vuelven planas
¿Sueño, dónde has ido que me privas de tus maravillas?

En esta noche hay un apareamiento masivo,
una orgia de fantasías, ideales y realidades,
tanta sandez junta gritando a placeres variopintos.
Multitud de recuerdos desacomodando sábanas.
Morfeo, no me dejéis solo, vacío de vos…
Ya no quiero engordar siendo amamantado por Nix.

La soberana Selene se erige en lo alto,
con su plebe lejana de estrellas ardiendo;
un techo que se pierde en la noche,
me roba el anhelo de la creación.
Y el frío es injusto con la soledad,
somnolencia caquéxica vencida por el pestañeo.

Estas horas cercanas al amanecer,
con un puñado de inquietudes detrás de los ojos.
Redefiniendo ciclos absurdamente.
Irreverente reloj que habita en mí,
haciendo de lo infinito un imposible
el descanso es mi sueño ahora, pausar la realidad.

Él, tan él; tan yo…
Me persigue clausurando puertas al delirio,
Me ama, lo amo…
Desde el cerebro hasta las fosas nasales.
Lo odio, me sigue amando
el insomnio me ama.

Tan egoísta, tan inconsciente.
Lo entiendo, lo condeno.
Tan lejano a ser una máquina orgánica,
confinado a ser un concepto,
lo redefino otorgándole humanidad,
él me viola el derecho a ser un dios en trance
en los confines de mi psiquis.

Autor: Carlos Arturo 

domingo, 6 de noviembre de 2011

El confidente


Se sentó a un lado de mi alrededor, yo miraba el techo mundial reaccionario a la luz que mostraba a un viejo dios ocultarse entre naranjas cada vez más intensos. Puso sobre mí su capa de gaza translúcida, negra y escarchada, amplia como sus suspiros,  cándida para avivar mundos alternativos de imposibles desechos e inestabilidades seguras. Los dos mirábamos sin rumbo, con el viento interrumpiendo silencios que podrían ser incómodos, no compartíamos miradas, nos las conocíamos de sobra, aún con los párpados sellados por la fuerza del letargo se dibujaban en el imaginario sin olvidar un solo detalle. Yo, le conocía desde  su desnudez hasta los vestidos turbios y melancólicos, sus escotes luminosos de piel casi plateada.

Ella, siempre tan disciplinada en su irreverencia, rebelde de una brisa que cuenta sus mil y una mitologías, leyendas e historias protagonizadas por su existencia. Toda una culta señora, que en un tiempo largo ha brindado de su seno la leche a criaturas adoptadas, seres paridos todos de la imaginación de dioses mugrosos, mentiras que a juro le propiciaron una máscara de horrores. Al otro lado de esa barrera de preconceptos se detalla su belleza, atrevida y universal, llena de acertijos sencillos en su estructura, pero profundos en su formación ideológica.

Es un placer tomarla de su fría cintura, acariciando sus formas, aprovechando su exclusividad por llegar siempre del otro lado del mundo, para dejarla que haga el resto, con una sincronía perfecta que se plaga de costumbres, calándose aún las desfiguraciones que las generaciones vienen edificando. Apenas sonríe, haciendo de su escote un círculo inmenso tornado de dorados sutiles, y cuando entristece no más que un vestido plomo forjado de lino rústico apabulla el horizonte que a juro le toca decorar en su permanencia por estos espacios.   

Me contó de su corazón, una masa con forma de pera, que gira y avisa cuando debe comenzar a buscar su nueva estadía, también, sin el privilegio contradictorio de poderlo dedicar a amores, porque ella es de aquí un momento en el que desaparecemos del mundo, y es de allá cuando despertamos queriendo amarla con todo y sus prejuicios impuestos; confesiones de casi 12 horas, contrastadas con sus ojos completamente negros, maquillados con la esencia de las sombras y las luces.

Ella cuenta de sus prostituciones en viejas esquinas, entre vergonzosas y cuasi dignas sin siquiera fruncir el ceño; de los faroles que se funden cuando insectos golpean los cristales  con cierta comedia que se vuelve un delirio de paradigmas inentendibles;  de las muertes y los gritos ahogados de las que ha sido testigo, de la Catrina mexicana y su afán de negar sus genes con un sombrero con plumas de avestruz, de sus aventuras coquetas y mortales con los de la otra especie. De la embriaguez de la cual se humedece su vestido casi transparente, de los besos a escondidas, sobre desafíos a la naturaleza, sobre eso oculto a lo que tanto tememos.

Sopla nanas que de a poco van hipnotizando a sus encargados, con frecuencias que suelen ser confundidas con el miedo. Ella, pecado puro inventado, que decora el Hades cada vez que se muestra a los ojos humanos. El misterio de su piel equivale a un concepto de los “yo” en el mundo. Sentado ahora frente a ella, con la vista insuficiente para abordar su faz, he sido su confidente con ingredientes de silencios y reflexiones, su palidez que se va a aclarando conforme se acerca su partida al cantar las aves su despedida, para recorrer culturas, sistemas, realidades y fantasías, con un vestido inmensamente largo, que paulatinamente desiste en permitir colar la alborada, dejándome un insomnio descarado que zumba en mi mente su pronto regreso.

Autor: Carlos Arturo

lunes, 31 de octubre de 2011

Halloween: tres microrelatos.

Saludos apreciadas amistades, aquí les dejo los siguientes microrelatos que escribí para un concurso a nivel regional sobre Halloween. Por primera vez, escribo historias de terror, así que ustedes tienen la última palabra. Escucho sus recomendaciones y opiniones. Shalom.

Fiesta de Cumpleaños

      Cuando Aníbal despertó con apenas la vista eficiente pudo avistar un depósito deteriorado por los años de abandono, un olor a muerte fresca se respiraba en el lugar mientras sus ropajes ensangrentados se humedecían cada vez más. Todo estaba a media luz y borroso, apenas el silencio se rompía ligeramente por el sonido de unos chasquidos a su espalda. Aterrorizado con los pantalones derramados de miedo solo podía llorar, su cuerpo fraguado estaba sin responder a sus órdenes. De pronto, unas pisadas comenzaron a hacer ecos en el espacio, eran tacones los que sonaban a los pasos. Él sintió un miedo inigualable, y un reflejo involuntario asaltó sus ojos en cuanto escuchó un ladrido. Un pedazo de carne cayó a su frente y el animal complaciente fue a comerlo con entusiasmo, era un caniche con sus pelajes enredados y su rostro dulce ensangrentado por los bocados crudos; los latidos de aquel hombre podían ser escuchados por él, cuando los pasos lentos se acercaron sintiendo una presencia que con sus brazos lo cubrió de espalda a pecho, besó su mejilla con una sonrisa muy femenina y una barbilla que raspaba como lija. Acercó sus labios carmín a su oído susurrando terrores y consecuencias, su respiración tibia la sentía en su pelo y una voz gruesa murmuró con la oscuridad de cómplice: “bienvenido a mi cumpleaños”. Mientras una gran mano bajaba por su abdomen.


La dama de los pájaros

     La mujer había sido amarrada a una hoguera, mientras la multitud a su frente gritaba con sed mortal en sus ojos, cientos de bocas apestosas, cariadas y enfermas contaminado el aire con una infamia nacida desde su cosmogonía reproducida herencia de antepasados. Ella, miraba mientras a otros la observaban desnuda, atada, desprotegida e irrespetada por todos aquellos espectadores; jauría de seres cegados por los miedos y las mentiras nacidas de las excusas. Alguien con las mismas características de aquella horda de hambrientos de muertes prendió la paja que los pies de la joven aplastaban, y el fuego creció con el ardor que consumía sus piernas. La mujer gritaba y ellos reían, el dolor de su diferencia, lo tóxico de los discriminadores eran un juego quebrado de traducciones malas, falaces y mediocres sobre designios sobrenaturales. De su pelo comenzaron a surgir pájaros negros de ojos escarlata, que volaron hacia arriba como el humo, en cambio, la humareda se condensaba y no flotaba, crecía a los lados y se expandía mientras que su gris cubría la plaza donde la muerte era un circo de risas y alivios. Todo oscureció en el día, todo se quedó en mutismo, solo se escuchaba arder los últimos vestigios de un cuerpo humano, mientras las aves prietas regresaban, el humo se difuminaba con el viento dejando un escenario de muertes y aves alimentándose de los ojos de los espectadores que acudieron a ver arder la hoguera.


El muñeco

    El camino de sangre corría hasta la envejecida casa de barro y techo de zinc. La luz del día apenas se podía colar entre los agujeros hechos por las ratas que hacían del lugar su nación de abrigo y reproducción. Un silencio constanmente interrumpido era lo que daba vida a lo que Cronos se empeñaba en matar. Atravesando la habitación estaba él, con su imborrable sonrisa infantil, con los ojos fijos y secos, sus zapatos de charol pegajosos y sucios, su cuerpo de madera hinchada por la humedad y los años.

    A sus pies un cadáver parcialmente despellejado aún pululaba el líquido que entre venas solo lo detiene la muerte, y su perfume inundaba completamente el espacio, que casi amaneciendo comenzaba a dibujar las imágenes a punta de luz. Él, corrió a su lugar de descanso con las articulaciones chillando como si se tratase de una macabra sonrisa. Goteando sangre, simulando vacíos donde una abominable vida existía sin encontrar parar de matar.

     Los días pasaron y el olor a putrefacción se expandía. El cuerpo de investigaciones al llegar al lugar encontró un niño degollado, con parte del brazo derecho y el pecho sin piel, con un disfraz de conejo manchado por la reseca sangre al estar expuesta. Y sobre el cadáver, un muñeco vestido de cuero moreteado y cosido de forma caótica, en sus manos de madera apestosa una aguja y un carretel de hilo… en su cara esa expresión vacía, de sonrisas obligadas, de ojos sin retinas y de vida sin sentido.

Autor: Carlos Arturo

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos