domingo, 9 de mayo de 2010

Memorias de una vida


Ella nació un 14 de diciembre de 1950, entre el parto arcaico, con el olor de la Sierra colombiana. Su niñez, perfumada entre cambures y café, con la arena de zapatos y la inocencia en las pupilas. La tercera de 08 hermanos más, una escalera de humanos para el juego, para el cuidado.


No cabía la tristeza entre tanta carencia, durmiendo entre cartones como colchón, ignorando el materialismo que en aquellos arrabales se codiciaba.


Su crecimiento olía a verdes hojas que le impregnaban los ríos, su madurez fue llegando a medida de sus travesuras, ella ignoraba lo catastrófico de 1939/1945, su padre jamás le habló del por qué llegó hasta Suramérica. Su madre fue quien entre tratos secos le enseñó que el cariño era posible.


Cuando sus 15 llegaron toda la familia había recorrido parte de Colombia, buscando la estabilidad que no les era posible, pero ella anhelaba volver a las montañas profanadas por su existencia, cuando el destierro la llevó a Venezuela. Desde entonces comenzó su lucha por la constancia, de los hogares despoblados, no quería hacer de éste uno más. Hoy día la Villa del Rosario sigue siendo el ambiente constante de su historia.


Adoptó y parió… entre un matrimonio que no le brindo el sueño de ser feliz, cuando abrió los ojos se dio cuenta de su independencia, cociendo zapatos, fue asumiendo su amor al zurcido, comenzando por remendar lo que años anteriores de compromisos le habían destajados. No dejó una sola pieza que no volviera a su lugar, y con tan sólo saber escribir y leer se lanzó al mundo de la alta costura, dejando atrás aquel momento en que se pintaba como una enfermera.


El amor la visitó una vez más, ella dejó atrás las quimeras de las promesas, alzando la bandera a una nueva experiencia. Adonais se llamaba él, forjaron un nuevo hogar, ella, sus hijos y el nuevo inquilino en esa vida. Cuando en septiembre del 94 la muerte sorprendió a aquel hombre.


Como viuda lloró vestida en claroscuros, crió a su tercer hijo generando capital a partir de la costura. Desde entonces esa ha sido su vida, dedicando tiempos que ya no merece gastar, con la cara cortada por el tiempo y el plateado entre la raíz que anuncia su experiencia a seis décadas de existencia.


Ella es sinónimo de trabajo, vida, alegría, orgullo, amor, guerras, supervivencia, maternidad, humanidad y tantas cosas más. Su nombre es Doris de naturaleza comprensiva, hembra de parto, hembra poderosa y tierna de manos nobles. Ella es mi madre, me bautizó como Carlos Arturo, yo soy el tercero de esos tres hijos, quien ha dicho más veces “Mami” antes que cualquier otra palabra, que no se desgasta, no se fractura, no vence, ni consume. Ella es la señora que ha dado frente a mis miedos y me espanta los fantasmas con su abrazo.


“Mamí, sonríe que aún hay motivos para seguir entrelazados”


Carlos Arturo

domingo, 25 de abril de 2010

El vino de la escarlata.

Este breve cuento nació de uno los cuentos extraordinarios de el Señor Edgar Allan Poe, llamado "La máscara de la muerte escarlata"(mi favorito). Publicado en 1842, marcándose éste desde entonces como uno de los clásicos de la literatura, entre la basta antología que dejó dicho autor. Sólo he hecho una adaptación, tratando de seguir el hilo del cuento como tal, lo hago con el mayor respeto y admiración posible, para todos los que admiramos la obra de ese gran escritor y su legado.

Se los dejo a continuación:


En aquellas habitaciones el mutismo se enfrentaba con el tiempo, la fiesta, la orgía, el exceso yacía en los cuerpos infectados e inertes en el piso de la gran abadía del gobernante próspero. La muerte escarlata había desposeído los cuerpos luego de haberlos tomado en masas. Todo estaba matizado con el bermellón de la transpiración humana, un arte que solamente ella comprendía con gran sentido pragmático y vengativo, de su imperio interfecto no escapaba quién se aislaba, o quién corriese a más velocidad. Su perfume lograba colarse entre los ventanales, los pocos ignorados por la escarlata podían sentir el fatigante aire que rodeaba aquel inmenso lugar, y el recelo hizo una gran muralla para los que al sentir el hedor se alejasen casi llorando, mientras ella caminaba desnuda y sedienta entre cuerpos muertos y fríos en el interior de la inmensa barbaridad edificada.


Ya el miedo se había esfumado en los interiores, pero las caras continuaban expresando el terror de su visita, la muerte escarlata. La descomposición era la acompañante, porque la soledad no soportó tanta masacre; ella había hecho su función natural, aunque todas las personas que habían escuchado de su existencia la imaginarían horriblemente desfigurada, despiadada y maldita, de esas inclementes que no daban tiempos a catarsis, que sólo la podían merecer los malvados, las almas impías, los apuntados. La muerte escarlata daba antónimos a las mentes estrechas con un simple toque para que el líquido vital comenzase a transpirar como el sudor, abriendo las venas a los siguientes síntomas.


Desde entonces aquellas tierras prósperas comenzaron a despoblarse, la mortalidad andaba como el humo de las llamas fusionado con el viento. Los caídos eran quemados para tratar de hacer caer la epidemia, todo parecía inútil. Todo olía a ella, todo se había vuelto ella.


En la abadía, los pasillos de colores estaban colmados por los cuerpos perennes y secos, la desesperación que provocaba el reloj de bronce ya no hacía posible cortar el silencio. Desde aquel baile de sueños y excesos la pesadilla revuelta con la realidad había tocado las telas de terciopelo negro, desgarbando las groserías repugnantes de las quimeras sueltas y amarradas por el tiempo y su música. La muerte escarlata revolucionó todo, cada detalle, cada momento, marcando el renacimiento con su máscara y negras telas, con poseídos y muertes. La simbiosis entre los paralelos y el jugo carmín derramado. Ella inmortal e irresistible había tenido orgasmos matando a sus víctimas, la viuda negra, la araña infértil, vampira y asesina, epidémica y triunfadora la muerte escarlata gobernó en aquel lugar hasta cuando la naturaleza ocultó su vigencia.


Autor: Carlos Arturo

martes, 13 de abril de 2010

Limpia las migajas sobre la mesa

Difícil es vivir de las migajas,

Los hermosos zapatos están rotos por el uso

Ya la noche no es rápida,

Y el día no huele a despecho,

No queda nada en esta guerra ausente,

Mueren los soldados por propia convicción,

Las caricias le quedan grandes a nuestros dedos,

El calor es sólo sudor desde que ya no estás.


No me apetecen tus ansias dualistas,

Llévate la primavera marchita y quédate con el cambio.

Las palabras se las llevó el viento,

Lo poco que quedaba muere por el corroer del tiempo,

Ya no juegues con tu inocencia inexistente,

Ya no quieras derramar agua bendita en mi camino.

Bájate de mi mundo que tus huellas se borran.


No prometas lo que no tienes,

No anuncies las luces entre las sombras malditas.

Le cambié la cerradura a tus convencimientos,

Insensible soy a tu mirada de océano,

El difunto amor es carbón con el que enciendo otro sueño,

Te has vuelto otro idioma que no deduzco.

Lo siento, he zurcido el corazón con hilos ajenos.


Llévate los vientos huracanados,

Que yo mato a la fiera del resentimiento.

Limpia las migajas sobre la mesa,

Que yo lavo los platos sucios.


Autor: Carlos Arturo

lunes, 29 de marzo de 2010

La mujer de los zapatos rotos


-¿Por qué? - preguntó el interrogador a la presunta asesina.

Ella guardaba un perturbador silencio, de esos en que el mutismo calienta la sangre ante la impaciencia de respuestas nulas. La mujer bajó la mirada y luego la alzó, pocas expresiones se evidenciaban en su cara… hasta que ella al fin dejó brotar sonidos articulados de su boca: “¿Por qué, Qué?”

- No puede negar que cometió los asesinatos por los cuales hoy está aquí – dijo el hombre con voz furiosa.

Ella sonrió y dijo: “si no puedo negar los asesinatos, ¿Entonces para qué coño me está preguntando?”. Y de nuevo volvió a su rostro la expresión nula e indiferente.

El hombre frunció el seño, y respiró profundo. – tenemos más de media hora aquí, señorita Zuhorly, espero respuestas del porqué cometió los asesinatos, cuáles fueron los motores que la impulsaron a tomar medidas de ese tipo – él se acercó a la silla frente a ella y se sentó mirándola fijamente a los ojos.

-Alguien debía hacerlo, por la culpa de malditas escorias como ellos mi vida se hizo una mierda, y pare de contar cuántas mujeres más – humectó sus labios con saliva y continuó: “mire, oficial, o cómo sea lo que sea usted, he hecho un acto heroico, y no pido ni siquiera las gracias, mas sin embargo me odian”.

-Ese acto “heroico”… la ha vuelto una escoria más – dijo el hombre con la mirada fija en la desenfocada mirada de Zuhorly. Ella pestañeo y de nuevo respondió: “alguien debía sacrificarse, después de todo usted lo ve de otra forma, puesto que jamás podrá estar en los zapatos de una mujer violada”. Entonces ella comenzó a mirar el techo de la esquizofrénica habitación.

Él se puso las manos frente a la cara y las bajo con suavidad, de nuevo inspiró aire para proseguir con el interrogatorio. – No es de héroes matar Zuhorly – ella bajó la mirada y la clavó frente al interrogador con una clara molestia que se bordeaba en sus pupilas - ¿No es de héroes matar? ¡Y me lo dice un policía! – Soltó una carcajada odiosa y tormentosa – ¡ay por favor! Los policías matan, los soldados matan, y por consecuencia son héroes de la nación, apuesto que un soldado en la guerra ha matado más gente que yo… y no tienen cárcel, sino, condecoraciones”.

-Es seguridad nacional, no puede comparar. ¡Maldita sea! – infirió el hombre con un golpe en su pierna.

-¿Y lo que yo hice, no es seguridad? Soy tan policía como usted señor, con la diferencia de que no tengo una placa que me identifique, asesino de manera más compleja, menos pública, aparte, de que jamás fui a una academia para entrenarme. Es la única diferencia entre usted y yo – dijo ella, con plena brusquedad y sudor cayendo de su cuerpo. Él sabía que ella no daría su brazo a torcer y tan sólo respondió con una voz muy pasiva: “es venganza”.

-Ustedes también se vengan, no hay grandes diferencias dije. Nunca maté a un inocente, todos eran culpables. Y creo que se ha salido del interrogatorio – haciendo una expresión de que el calor era insoportable. – ¿sabe cuántos maté? 14 alimañas de esas, puedo darle detalle de cada muerte, de cada grito, de cada tortura- dijo Zuhorly con cierta picardía.

Él la miró con cierto miedo, y se repuso preguntando: “¿Intentaba huir?, En sus zapatos está todo, hay sangre que coincide con el ADN de los muertos, sus huellas coinciden con los dejados en el terreno fangoso de la colina”. Ella tardo de nuevo en responder, pero al fin se dejó de vacilaciones: “Nunca intente huir, guapo, yo siempre dejé las huellas, los rastros y el perfume para que me encontraran, es la única forma de parar con todo esto. De repente en un futuro haya alguien que me pueda reemplazar, pero con esto yo me jubilo. En cuanto a los zapatos, ellos fueron siempre mis favoritos para castigar a cada desgraciado de esos. Yo los llevaba puesto en el momento que ese hombre me violó. Ellos desatan esa furia y ponen el alto mis bajas pasiones, ellos están tan rotos, viejos y sucios como yo”. Zuhorly nunca dejó caer una lágrima, las secaba antes que comenzaran su camino en su cara.

Él sintió cierta lástima por ella, sabía las conductas que asumían algunas víctimas eran consecuencia de esos actos atroces. Sólo pudo decir: “Ya parará todo esto que te atormenta”. Ella lo miro con rareza, y dijo: “parará el ajusticiamiento, pero seguirán las fracturas emocionales, los abusos y los sufrimientos.

-No puedes hacer nada el respecto – dijo el hombre y Zuhorly lo miró como si hubiese dicho una burrada, y le contestó: “Sí puedo hacer, seguir matando a esos malditos” cruzando la pierna, comenzó a mirar sus uñas pintadas rosa y desconchadas preguntando: “¿Será posible que para donde me lleven haya barniz de uñas?, ¡están hechas un asco!”.


Carlos Arturo

lunes, 8 de marzo de 2010

Feliz Día Mujer: 08/11

De repente un día el camino se hizo más difícil para ella, sin embargo, decidió lanzarse al reto y prosperar entre las cenizas pisoteadas de su propia existencia. Rota, marchita y estropeada se puso a echar raíces e ir separando los vidrios rotos que cortaron las plantas de sus píes. No se percataron que detrás de su belleza, delicadeza, y artística estructura, existe un poder inimaginable y una fortaleza que aún le ven como debilidad.

Has ido venciendo una de la más duras, largas y discriminadas guerras, y sin embargo perdonas la mente obtusa de los hombres que te condenaron. En la religión, en la cultura y en la existencia fuiste y serás mujer. Muy por encima de que te hagas borrosa en el pasado, en el presente estás más vigente que nunca. El camino de la lucha no acaba, pero la barrera sigue rompiéndose.


Yo me empeño en creer que 08 de marzo son todos los días, porque en cada sonrisa, en cada lucha, el sonar de los tacones, en el carmín de los labios, en los cabellos que danzan con el viento, en el parto, en su lucha, en el trabajo y en los logros hay una mujeres dispuestas romper con las fronteras de los géneros, en ir más allá de la guerra de los sexos, y de estereotipos que bastante daños le han hecho.

Por otro lado, siempre he pensado que Dios tiene una faz femenina, la mujer es mucho más que un relleno o un instrumento por medio del cual hay más humanidad. No sé si es mal interpretación de las escrituras, o brutalidad masculina, pero la mujer es un punto base a todo, y actualmente gracias a todas esas luchas emprendidas hoy puede dar saltos altos sin necesidad de tener barba, hoy pueden ser lo que les dé la gana.

Feliz Día a todas esas mujeres que puedan leer este post.

Y mis queridas mujeres seguidoras, gracias por darme oportunidades que espero no desperdiciar con ustedes está todo mi amor y cariño, merecen un trofeo inmenso, ante tanta lucha y poco cansancio.

Un abrazo lleno estima y muchas bendiciones.

"VENCISTE MUJER, CON NO DEJARTE CAER" Calderón de la Barca.

Nota: El dibujo fue hecho por mí, está rellenado con puro lápiz y matizado un poco con "Corel Paint Shop Pro". Hace un buen tiempo que no lo hacía, espero que les guste, y es suyo si lo desean.




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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos