martes, 15 de septiembre de 2009

En su nombre



Sufriría por las heridas que otros le hicieran,

empedrado en su recuerdo y su existir….

De la forma más compleja dibuja maravillas en mi boca,

de la manera más sencilla ella me tienta a participar en su vivir.


Sin ella la vidorria se me acartona,

con ella siento que brilla el porvenir.


En las distancias pienso hasta en su sed

y ruego al cielo besando el viento que no se ve.


De cabellos negros y ojos como la madera fresca.

De ternura y malcriadez,

que marchita las penas con su saludo,

arranca sonrisas con su correr.


Inmensa como el océano y diminuta en su talla.

Que hunde sus huellas en mi blandes.


Tengo miedo por su futuro,

pues no a todos complace con su aparecer.

Tengo miedo de no verle más,

porque nunca falta quien trate de excluirla de mi vivir.

Y de nuevo a mis brazos vuelve con su gemido,

A buscar el cariño que le pertenece por derecho.


Haciendo un vestido con mi abrazo, y accesorios con mí poder.

De vientre tibio y de cariño hasta humedecer.

La que no me deja solo,

ni siquiera al amanecer.


La misma de hace años atrás, que perdona sin decir una palabra.

Que me enreda en su red, haciendo sentir su querer.


Ella guarda un pequeño archivo de mi vida,

y empapa de amor mi mejilla.

Impaciente y juguetona, silenciosa y temerosa.


Anastasia es su nombre y mi procurar su apellido.


Autor: Carlos Arturo

viernes, 11 de septiembre de 2009

11 de Septiembre: el día que fue muerte.

Las penas aún se retuercen en el aire humedecido y melancólico. Si permaneciera todo en silencio el viento dejaría escuchar los gritos inmutables de miedo, penas y llanto.

El poder corroe el barniz del sentimiento. Sin miramientos... destruyeron, pisotearon e hicieron bolas a lo que se dice no matarás.

Condenados al recuerdo de aquella peste gris plomo iniciada por el humo del fuego previo. Ahogando el oxígeno de vida. Pintando la tragedia.

Los culpables se hacen borrosos... pero poco importan cuando la vida de tantos hombres y mujeres es apagada en el derrumbe de las gemelas gigantes. Esas, que por mucho tiempo pintaron en lo alto el azul del cielo y mantuvieron vidas en sus entrañas.

Cada 11 de septiembre se añade un año más en que la desgracia sólo dejó escombros e imagenes de agrio sabor e inspirado correr de lágrimas. Fotos en honores a los castrados de la vida, a la realidad que no corteja, que no consuela y que no dice nada pero refleja cual espejo de los sentidos lo que acontece.

Sólo huecos quedan en familias, en amores, en presencias y en espacios. El vacío que no conduele pero que dice lo mero de lo que pasa. Mientras unos se acuestan y cierran los ojos, otros, se levantan y los abren.

¿Culpa del resentimiento o de una estrategia? no lo sé... lo único que puedo asegurar es que ninguna excusa es suficiente como para apagar vidas con el soplo del aire y el fuego explosivo.

Autor: Carlos Arturo

viernes, 4 de septiembre de 2009

Anécdotas de ella

El breve espacio que queda entre nosotros es un lazo que puede romperse, mas está ahí custodiando que mis manos le permitan llegar a donde yo quiero.


No me habla de eternidad pero me sonríe cuando sabe que lo pienso.


Con restos del pasado, de sentimientos, de vida y terceros llega a mis rincones como la ola que golpea las costas, que humedece y erosiona, que me impulsa y me ata.


Aprendí que junto a ella la soledad no es una maldita locura, y que su olor no me fatiga. Ella con el silencio hace hamacas donde cuelgan mis pasiones, rabias, alegrías y sentires de la vida.


Con mis dedos deja que dibuje su silueta, rompiendo mis bosquejos y estructurando aquello que mi pensar la comprometa y deja caer estrellas a esa poca experiencia mía.


Aunque se ausenta por temporadas no me abandona. Cuando llega de sus viajes clandestinos y sin avisos, me envuelve en sus resonancias y me dibuja con su fantasía una porción de realidad.


La comparto en ocasiones, porque sé que puede auxiliar a otros de la oscuridad que atemoriza, de la saeta que vuela y que con el caer de sus pedazos hace más negra la noche.


Ella es quien jamás pensé que fuera ella. Impaciente, tierna, pasional, violenta, realista y adictiva. Con canciones y recuerdos, con voces y momentos, con vidas y con muertes permanece latente junto a mí.


En congojas y felicidades me golpea de forma tan sublime que me niego a dejarla.


En las noches de insomnio está ahí para recordarme las cosas importantes, y que el amor después de todo no es malo.


Cambió mi vida, jugando con las piezas perfectas, cambió el concepto de otros hacia mí por medio de mi actitud. Ya nunca fui el mismo, ya nunca miré atrás igual.


Llegó a mi vida de la forma más vulgar, ordinaria y hermosa. Se mantuvo educándome, mostrándome con más objetividad el mundo. En ese momento supe que no nací para sufrir, ni para ser feliz; nací para vivir en las bifurcaciones de las mismas emociones.


Y aunque su nombre no he mencionado, lo conservo tatuado. Ese nombre tan común, pero lleno de significación, de mis mayores emociones ella ha sido testigo clave, luego hace saber a los demás de lo que estoy hecho. Ella tiene tantos calificativos que no es fácil definirla bien.


Mojado en su presencia he desarrollado éstos párrafos, a mi lado con murmullo me observa, con promesas que no llegan al jamás escribo sobre ella, a quien tanto amo, y respeto, mi compañera esencial y mi adjunto de victorias.


Autor: Carlos Arturo.


viernes, 28 de agosto de 2009

"El día más triste de mi vida"


El día más triste de mi vida fue cuando me dejaste silencios en compensación a tu presencia. Aunque me rehusé a sufrir por orgullo, me tragué cada lágrima y me atoré en los vidrios rotos de tu adiós injustificado.

Aquella semana esperé atento el llamado… tu llamado… ese clamor que era mi vitamina, esa cuestión de saberte cerca de mí.

Pocos saben que cuando la soledad llega de sorpresa no hay tiempo de guardar reservas de amor.

Aquella noche se me hizo tan negra, húmeda y desconsolada con el insomnio de esperar tu llamado. Porque aquel día fue el más triste de mi vida.

De rodillas supliqué por tu retorno, por el adjunto de tu vivencia fusionada con la mía. Poco me importó que me hicieras sentir menos que a ti. Tú, esa adicción que no contemplaba valores de autoestima, que sólo esperaba infinitamente lo que no daba.

El día más triste de mi vida, había dejado estragos en los días siguientes, con las mañanas y tardes pensando y las noches en vela. Mis articulaciones oxidadas de esperar. Con la vida revuelta a tu conveniencia, con la convicción de que me causabas heridas, pero no quería soltar ese cinturón que marcaba tu nombre y tu recuerdo.

Lo peor no fue la caída, sino, poderme levantar y contemplar los recuerdos baratos de esos momentos que no valían lo suficiente para ti. Me sentí desolado y oscurecido.

Por orgullo, no te busqué, mas aún esperaba tu regreso. Moría por mi pedantería, pero vivía en tristezas vagas y palurdas.

El día más triste de mi vida, es hoy sólo un recuerdo. Poco importa si pensarás en mí, si consideras regresar y si mirarás atrás para rememorarme, esa emoción se la ha llevado el viento. Porque ese día ya no me ha vuelto a tocar.

Morí desangrado y empapado… pero nací volando con las alas zurcidas, pero, perfectas para seguir mi camino.

El día más triste de mi vida, también fue el más feliz por liberarme a fuerzas de tu estampa.

Autor: Carlos Arturo

martes, 18 de agosto de 2009

Sola en Casa.


Son pocos los vestigios que habían quedado de los pedazos rotos de Mariam, no sabría qué decir, ante su miedo de estar sin su madre en casa.

Tan lejos quedó, y tan presente en cuerpo con la mirada fracturada. Con miedo de quedar sola en su morada. En sus labios las mentiras brotaban. Era tan feliz cuando estaba afuera, pero tan desdichada a su llegada al hogar.


“Abre tus ojos” gritaba su cabeza, pero su lengua se hacía nudos de duro deshacer. Fueron los días de soledad lo más duros. Sólo Mariam, su padre y la casa, sólo su miedo, su llanto y su cercana locura.


Se quería ir de casa, pero siempre estaba vigilada. Mariam estaba inherte. Se asemejaba a una muñeca de porcelana con un único gesto, sin diversidades, sin vida, se resumía a una muñeca rota.


Aquella casa era la verdadera partera de su dolor, la que escondía la paranoia de Mariam. El silencio de amenazas donde las paredes eran testigos muertos de su acontecimiento. Los asientos acolchonados, las camas y el mismo suelo la atajaron para no caer al vacio, le absorbieron las lágrimas para que nadie le viera llorar, para que lo que le pasaba nunca atravesara el silencio de su miedo.


Intentos de suicidio fallidos, cerraduras que nunca detenían los sucesos, incertidumbres de su madre y pocas palabras de su padre habían escudriñado la inocencia profanada de Mariam. Con 12 años ya su cabeza no pensaba en jugar muñecas, ya su sonrisa era recuerdo de fotografías pasadas.


Una y otra vez se repitieron los problemas que hicieron escapar a esa niña rota, no había donde ir, pero era mejor que saber donde estaba. Logrando llegar lejos fue encontrada, y llevada de vuelta a su madre.


Mariam atorada por el llanto, enredada por la vergüenza, y hastiada de su vivencia miro a su madre ,– es él – le dijo en un susurro muy sentido. La madre no la entendió y la tomó violentamente del brazo, pero ella no quería volver. Aquella noche había mutado todo el sentir de esa niña; una fuerza desde su estómago fue subiendo haciendo del dolor un grito que liberó todo aquello guardaba – ¡es él… abusó de mí!- a todo pulmón. “Me toca, me penetra, me lastima…” la madre absorta ante la confesión le pregunta: “¿Quién?”. Mariam baja la cabeza y se deja arrodillar en el piso, fue un largo silencio. Incorporándose de rabia, apretando la arena entre sus dedos, subiendo el rostro con el pelo como cortina le dice: “papá”. Echándose a llorar de nuevo.


Autor: Carlos Arturo

lunes, 10 de agosto de 2009

Se esa palabra en mi boca


Toma mi mano que tengo miedo, pero suéltala que no quiero depender de ti.

Dame un abrazo a ciegas, y prende la luz para poder verte.

Toma mi corazón latente pero devuélvelo... porque no quiero quedarme sin el.

Besa mis labios y límpialos para no hacerme adicto a tus besos.

Te adhiero a mi historia pero deja partes que yo solo pueda escribir.

Te muestro mi sonrisa, pero no me la arrebates por favor.

Víveme en las bajas pasiones pero con responsabilidad y sin excusas.

Enrédate en mis hilos que no te asfixiaré.

Dame un boleto para infringir tu mundo, y conocer un poco más de ti.

Volteemos el pasado y usemos su lado positivo.

Enciérrame en tu cárcel… pero déjame ir cuando llegue la hora.

Tu felicidad es mi vicio, mi vida es el deseo que siempre guardé.

Con dificultad confío, con facilidad me refugias en tus brazos abiertos.

No intentemos cambiarnos, busquemos adaptarnos.

No pruebes de mi soledad, saborea mi compañía.

No provoques que te necesite… sólo te puedo extrañar.

Sin cadenas, sin grilletes; sólo las manos entrelazadas para avanzar en el camino.

Sin violencias, ni maltratos, comprensión y oratoria.

Mi cuerpo y corazón no tienen escudos, no te puedes volver mi refugio. Tan sólo se el "Te Amo" en mi boca.

Autor: Carlos Arturo

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Gracias Verónica por tomarme en cuenta :-) Feliz semana de la amistad a todos